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Corea del Norte: tres reuniones, y ¿qué?

Cuando entregó el cargo a Donald Trump, el presidente saliente, Barack Obama, destacó un conflicto que él consideraba muy sensible: Corea del Norte y su programa nuclear. De hecho, los primeros dos años de mandato de Trump estuvieron marcados por intercambio de opiniones sobre el gobernante Kim Jong-un, a quien una vez denigró, llamándolo "pequeño hombre cohete" y, a veces, elogió por sus "bonitas cartas". 

Las reuniones personales entre los dos estadistas generaron esperanzas, pero ahora está claro que Corea del Norte se aferra a su programa nuclear.

"Creo que Trump subestimó totalmente el juego de póker de su oponente", opina Rüdiger Lentz, director del Aspen Institute de Alemania, en entrevista con DW. "Esperaba una victoria rápida, pero no la consiguió", afirmó. Sin embargo, ha habido avances con Trump: "Creo que han alcanzado un cierto nivel de acuerdo", dijo Lentz.

China: disputa comercial

China finalmente se ha convertido en una superpotencia en los últimos años. Estados Unidos está en conflicto con la República Popular a varios niveles: ambos países han aumentado su presencia militar en el Mar de China Meridional. Y la estrategia económica de Trump de reducir el déficit comercial de su país, aplicando aranceles especiales a productos chinos, derivó en una escalada bilateral de aranceles punitivos.

Con la rápida recuperación de la economía china, tras la recesión originada por el coronavirus, Pekín sigue contando con una ventaja: "La posición de Trump es más débil que hace un año", cree Lentz.

El respeto por los derechos humanos, por otro lado, no parece ser una prioridad política de Trump hacia China: según su exasesor de seguridad John Bolton, el presidente incluso habría apoyado la construcción de campos de internamiento en la Región Autonóma Uigur de Xinjiang.

Afganistán: acuerdo de retirada

Por un momento pareció que Afganistán se acercaba un poco más a la paz gracias a Trump: en febrero, la milicia talibán islamista cerró un acuerdo con Estados Unidos que se puede resumir como reducción de violencia a cambio de retirada de tropas. 

Los talibanes ahora están negociando directamente con el gobierno afgano y Trump les está dando a sus soldados esperanzas de pasar la Navidad en casa, pero la situación de seguridad en el país es tan frágil como siempre.

"No ha logrado nada, excepto una excusa para retirar las tropas estadounidenses", resume Rüdiger Lentz. De ser así, sería un problema grave para los aliados de la OTAN: "Eso sería el principio del fin y la retirada de todos los demás", predice Lentz.

Salir de Siria como sea

No quiero quedarme en Siria para siempre", dijo Trump a principios de 2019: "Es arena. Y es muerte". Unos meses más tarde dio órdenes de desocupar puestos en el norte de Siria. Las tropas turcas y rusas avanzaron rápidamente.

Las acciones de Estados Unidos en Siria han revelado una división entre el presidente Trump y otras fuerzas de Washington, dice Julien Barnes-Dacey, experto en Oriente Medio del grupo de expertos paneuropeo Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR): "La sólida posición estratégica de Estados Unidos en Siria se ha debilitado mucho por estos conflictos internos y la ambición de Trump de retirarse de Siria", afirma Barnes-Dacey a DW.

Rüdiger Lentz dice que la retirada ha ayudado a Rusia, en particular, a ganar poder en la región: "Esta es una evolución interesante: nunca antes Estados Unidos le había dado a Rusia tanta libertad".

Irán: adiós al acuerdo nuclear

Desde el punto de vista de la administración Obama, Irán probablemente no habría sido un tema urgente para Trump; después de todo, acababa de firmar un acuerdo para poner fin, de momento, a su programa nuclear. Sin embargo, para Trump el acuerdo era demasiado laxo y reanudó las duras sanciones.

El ataque de Estados Unidos contra el general iraní Soleimani a principios de este año fue la gota que colmaba el vaso, pero Lentz no cree "que estemos al borde de una nueva guerra”.

Oriente Medio: otro espaldarazo a Israel

La balanza de Trump en el proceso de paz palestino-israelí se inclinó a favor de Israel, por ejemplo, al trasladar la embajada de Estados Unidos de Tel Aviv a Jerusalén y aceptar la política de asentamientos del primer ministro Benjamin Netanyahu, en contra del derecho internacional.

Cuando el plan de paz, redactado por el yerno de Trump, Jared Kushner, se hizo público en enero, hubo mucho rechazo al principio por parte de los vecinos musulmanes. 

Pero el gobierno de Estados Unidos ha fortalecido aún más la posición de Israel en el mundo árabe. Bajo la mediación de Trump, los Emiratos Árabes Unidos, Baréin y ahora Sudán quieren normalizar su relación con Israel.

Los acuerdos se negociaron pasando por encima de los palestinos, dice el analista de ECFR, Barnes-Dacey. Lo mismo se puede aplicar al plan de paz entre Palestina e Israel.