Por Deutsche Welle 23 de enero de 2026, 15:50 PM

Un dictador de pacotilla con gafas de sol y medallas que relucen sobre su pecho; un parlamento en desorden; un pueblo silenciado por la impunidad. Estas son imágenes que podemos imaginar al escuchar la frase "república bananera".

El término fue acuñado por el escritor estadounidense O. Henry (su nombre real: William Sidney Porter), quien huyó a Honduras en 1896 para escapar de los cargos de malversación de fondos por parte de un banco tejano.

En la ciudad costera de Trujillo, observó cómo la United Fruit Company, de propiedad estadounidense, dominaba los ferrocarriles y muelles de la ciudad, y ejercía una significativa influencia política. Esto inspiró su novela "Repollos y Reyes" (1904), en la que escribió sobre la república ficticia de Anchuria, una "pequeña república bananera marítima" cuyo Gobierno se doblegaba a los intereses de una poderosa corporación extranjera.

"Desde entonces, académicos, periodistas, políticos y escritores estadounidenses la han utilizado con cierta ligereza como sinónimo de un Estado corrupto y fallido", cuenta a DW Carlos Dada, cofundador y director del medio digital salvadoreño El Faro.

No solamente compañías fruteras

Dada, quien ha realizado reportajes de investigación sobre el poder, la corrupción y la criminalidad en Centroamérica, explica que las "repúblicas bananeras" eran originalmente cuatro países: Honduras, Guatemala, Nicaragua y Costa Rica, donde las compañías bananeras United Fruit Company (UFC) y Standard Fruit (ahora conocida como Chiquita y Dole, respectivamente), controlaban gran parte del territorio y de la vida política de esas naciones.

Con el respaldo de Washington, esas empresas ayudaron a establecer allí Gobiernos leales a Estados Unidos y presionaron o removieron a líderes que se resistían a actuar en los términos que ellos exigían.

"Las repúblicas bananeras representan posiblemente lo más cerca que Estados Unidos estuvo alguna vez de ser una potencia colonizadora, sin las demandas y responsabilidades que los colonizadores tenían sobre los colonizados en otros lugares", escribe Carlos Dada en un ensayo sobre el tema enviado a DW.

Un ejemplo infame de ello sucedió en Guatemala, luego de que el presidente electo, Jacobo Arbenz, intentó redistribuir terrenos de plantaciones de plátanos en desuso. La medida amenazó las propiedades de la UFC, que en un momento dado controló vastas extensiones de tierra cultivable de Guatemala.

En junio de 1954, Arbenz fue depuesto por medio de un golpe de Estado patrocinado por la CIA para proteger las ganancias de la frutícola, y fue reemplazado por un régimen brutal respaldado por Estados Unidos, que cometió abusos generalizados contra los derechos humanos.

El muralista mexicano Diego Rivera (esposo de la artista mexicana Frida Kahlo) documentó el evento en "Una victoria gloriosa", retratando a la United Fruit Company, la CIA y los funcionarios estadounidenses como actores centrales en la caída de Arbenz.

Violencia colonial, antes y ahora

El sistema de las "repúblicas bananeras" también tuvo consecuencias para los derechos humanos. Las protestas laborales en las plantaciones bananeras a menudo eran reprimidas con violencia.

Un episodio notorio fue la Masacre de las Bananeras de 1928, en Colombia, donde el Ejército colombiano disparó contra los trabajadores en huelga de la United Fruit Company porque exigían mejores salarios y condiciones laborales. Entre las víctimas de la matanza se encontraban mujeres y niños. El escritor y Nobel de Literatura colombiano Gabriel García Márquez posteriormente incorporó una versión de la masacre en su novela "Cien años de soledad", de 1967.

La historiadora y escritora estadounidense Aviva Chomsky argumenta que la violencia colonial es tan parte del presente como del pasado: "Acusar a las víctimas de ser violentas, peligrosas, amenazas a la seguridad nacional, terroristas que necesitan una mano dura de represión militar para mantenerlas bajo control, eso todavía lo leemos en las noticias todos los días", declaró a DW.

Estados Unidos, ¿una república bananera?

El término "república bananera" también salpicó los comentarios políticos estadounidenses tras los disturbios del Capitolio del 6 de enero de 2021. Aviva Chomsky argumenta que este enfoque "se centra en los resultados, más que en las causas".

Dice que Estados Unidos es "inherentemente" una república bananera porque el modelo extractivo de las empresas bananeras "es una fuente fundacional, tanto de la historia estadounidense como de la historia hondureña".

El enorme consumo excesivo de Estados Unidos es "resultado de nuestra colonización de todo, desde la tierra hasta los bienes comunes atmosféricos. Es decir, las bananas, o el extractivismo colonial, hicieron de Estados Unidos lo que es hoy", explica.

Lo que también queda a menudo sin mencionar, añade, es el largo historial de Estados Unidos de apoyo a golpes de Estado en Latinoamérica y otras partes del mundo. Lo ilustra con un chiste que circula desde hace décadas en Latinoamérica, y que volvió a hacer su ronda tras los sucesos en el Capitolio: "¿Por qué nunca hay un golpe de Estado en Estados Unidos? Porque allí no hay embajada estadounidense".

¿Un término peyorativo o descriptivo?

La académica y lingüista estadounidense Anne Curzan señala que el término "república bananera" ha experimentado un desplazamiento semántico típico de las lenguas vivas. Si bien originalmente se refería a la historia mencionada, "con el tiempo, el término se asoció con otras características de algunas de estas naciones —que, cabe recordar, a menudo eran explotadas por estas corporaciones extranjeras—, como la inestabilidad, un régimen militar o dictatorial, y en ocasiones la corrupción", dijo a DW.

Actualmente, se aplica también a países sin un historial corporativo o exportador de materias primas. Curzan añade que este uso extendido ha generado ambigüedad. "Suele ser un término peyorativo, lo cual es menos ambiguo. Pero vale la pena tomarse el tiempo para asegurarnos de que tenemos claro qué es lo que estamos intentando criticar con el término 'república bananera'", añade.

Al respecto, Aviva Chomsky apunta: "Si se refiere a alguna característica inherente a las personas, es un término racista y despectivo. Si se refiere a relaciones históricas que han socavado las soberanías, es un término útil". Argumenta que es importante hacer esa distinción, dado que hay una tendencia a tratar temas como la pobreza, la violencia y la corrupción como si fueran inherentes a América Central.

Así, señala cómo el expresidente estadounidense Joe Biden intentó en su día abordar las causas profundas de la migración, la pobreza, la violencia y la corrupción. Si se hubiera preguntado cuáles eran esas causas, argumenta Chomsky, "habría tenido que afrontar cómo sus propias 'soluciones' —el control militar, la ayuda y la inversión estadounidenses— fueron las que causaron esos problemas en primer lugar".

Entretanto, "república bananera" se ha incorporado a otros idiomas, como el inglés, el francés o el alemán. Chomsky indica que también se utiliza en Latinoamérica en contextos políticos o académicos. Y aclara que a la mayoría de los latinoamericanos les preocupa menos si el término es políticamente correcto, que si está desviando la atención de las crudas realidades de sus países.

"Tenemos que poder hablar de las relaciones históricas que han socavado la soberanía, no fingir que cada país es simplemente una bola de billar que flota libremente y rueda sobre una mesa en igualdad de condiciones", advierte.

WhatsAppTeleticacom