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"Por razones de seguridad, a partir de ahora las protestas en Afganistán están prohibidas", dice la primera declaración oficial del Ministerio del Interior tras la formación del gobierno talibán. "Toda reunión pública debe reportarse por adelantado al Ministerio del Interior. Las autoridades de seguridad deben ser informadas al detalle sobre las consignas que serán utilizadas. Las violaciones a estas reglas serán castigadas", añade la orden. La prohibición parece tener un destinatario claro: las activistas. Desde comienzos de septiembre, las mujeres han salido a las calles para manifestarse contra el régimen de los talibanes.

"Seguiremos manifestándonos por nuestros derechos, también sin autorización", dice a DW la activista Mahbobe Nasrin Dockt. "El Ministerio del Interior aún no comienza realmente a hacer su trabajo. ¿A quién debemos, entonces, presentar nuestras solicitudes? También es obvio que cuando vean el objetivo de nuestras protestas, no nos darán permiso", añade.

Nasrin Dockt organiza desde comienzos de septiembre manifestaciones en Kabul contra el gobierno talibán. Como la del pasado miércoles 8 de septiembre, cuando fue detenida. "Introdujeron mis datos en un sistema y me advirtieron que no organizara más protestas. Pero no de dejaré intimidar. Si no luchamos, estamos perdidas".

Las mujeres afganas temen que los islamistas introduzcan limitaciones a sus derechos y apliquen represalias contra ellas. Bajo el régimen talibán de 1996 a 2001, las mujeres tuvieron vedada la educación y la vida pública. Tras su nueva llegada al poder en agosto de 2021, los talibanes eliminaron de inmediato el Ministerio de la Mujer. Su nuevo gobierno está conformado solo por hombres, todos talibanes y casi todos mulás. Incluso en el Ministerio de Educación las mujeres fueron vetadas, y solo profesores y estudiantes hombres pudieron retornar a las clases, dijo un académico a la agencia AFP a fines de agosto.

"El deporte femenino no es necesario"

Los talibanes anunciaron que desarrollarían un "plan de estudios que se vincule con los valores islámicos, nacionales e históricos". Las clases de educación física ya fueron prohibidas para niñas y mujeres. En una entrevista con el canal de TV australiano SBS News el vicepresidente de la comisión cultural de los talibanes, Ahmadullah Wasik, aclaró que el deporte femenino no es ni "apropiado" ni "necesario". Wasik argumentó que, por ejemplo, en la práctica del críquet se corre el riesgo de que la cara o alguna otra zona del cuerpo de las mujeres queden expuestas.

"Sus valores no son nuestros valores", dice a DW Basira Taheri, activista de la ciudad de Herat. "Los combatientes talibanes han pasado casi toda su vida en algún lugar remoto, lejos de la civilización, y solo han aprendido a luchar. Muchos no saben leer ni escribir ni tienen idea de lo que significa vivir en una ciudad. La sociedad afgana ha cambiado mucho en los últimos 20 años. No permitiremos que los talibanes nos quiten nuestros derechos".

Basira organiza en Herat manifestaciones a favor de los derechos de las mujeres. En una de ellas, la del pasado martes 7 de septiembre, fue golpeada por matones. Tuvo suerte de no haber sido alcanzada por una bala. "Era una reunión pacífica. Muchas mujeres dieron breves discursos. Frente a nosotros estaban los talibanes con armas en sus manos, vigilándonos. De pronto comenzaron a disparar, primero al aire y luego a nosotras. Sé que varias mujeres resultaron gravemente heridas".

Brutal represión a los periodistas

La resistencia de las mujeres parece poner nerviosos a los talibanes. Los periodistas que informan sobre las protestas femeninas han sido brutalmente agredidos. Dos trabajadores del conocido diario Etilatrus fueron detenidos y durante varias horas sometidos a duros maltratos. En las redes sociales se pueden encontrar imágenes de sus cuerpos, con claras huellas de haber sido golpeados. "Esto es solo una pequeña muestra de lo que hicieron los talibanes a los periodistas", escribió el editor Saki Darjabai en Twitter. En un video puede apreciarse que uno de los periodistas ya no puede caminar por sí mismo, mientras que el otro es incapaz de hablar.

"Necesitamos el apoyo y la solidaridad de la comunidad internacional", dice una activista de Kabul que prefiere conservar el anonimato. Ella no cree que las mujeres puedan organizarse rápida y eficazmente contra los talibanes. El impacto por la toma del poder en Kabul todavía es profundo y los talibanes están interrumpiendo las conexiones telefónicas e internet.

"Los talibanes buscan el reconocimiento de la comunidad internacional, pero esta debería defendernos y apelar por nuestros derechos. La presión exterior los hará ceder", dice la activista, convencida.

(dz/lgc)