Por Deutsche Welle 28 de junio de 2026, 9:10 AM

La tensión en Oriente Medio volvió a registrar un preocupante repunte este domingo, en un escenario marcado por las advertencias de Irán sobre el control del comercio marítimo, nuevas agresiones en el Golfo Pérsico y la persistente actividad militar israelí en el sur de Siria. 

Estos acontecimientos, que conectan diferentes frentes de la región, ponen en jaque los recientes esfuerzos diplomáticos por estabilizar la zona tras meses de hostilidades.

Por un lado, el ministro iraní de Relaciones Exteriores, Abás Araqchí, reivindicó desde Irak que su país es el único responsable de que el tráfico en el estrecho de Ormuz vuelva a los niveles previos a la guerra iniciada a finales de febrero. 

Araqchí advirtió que cualquier otra intervención exterior "retrasará la reapertura" y aseguró que, de acuerdo con el memorando de entendimiento vigente, el estrecho está bajo la administración de Irán. 

Según el diplomático, tras treinta días las operaciones volverán a la normalidad y ningún otro país tiene responsabilidad alguna en el asunto.

Esta postura coincide con nuevas fricciones en el Golfo. El presidente de Líbano, Joseph Aoun, cuestionó la actitud de Teherán al condenar los nuevos ataques lanzados este domingo por Irán contra Kuwait y Baréin. 

Para el mandatario libanés, estas agresiones se enmarcan en un esfuerzo por socavar las gestiones regionales e internacionales destinadas a detener la guerra y contener las tensiones. 

Ante esto, Aoun hizo un llamado urgente a la comunidad internacional y a los garantes del memorando de entendimiento estadounidense-iraní para frenar los ataques e impedir que la región se deslice hacia una mayor escalada.

Mientras la diplomacia y los pactos marítimos se tensan, el frente terrestre también registró actividad armada. El ejército israelí informó este domingo que había abatido a varios elementos armados en la denominada "zona de seguridad" en el sur de Siria, un sector en la meseta del Golán que Israel ocupa desde finales de 2024 tras la caída del dictador Bashar al Asad. 

A través de un comunicado, las fuerzas israelíes sostuvieron que continuarán operando en ese territorio, que anteriormente estaba bajo supervisión de la ONU, con el fin de eliminar toda amenaza contra sus ciudadanos y sus tropas, cerrando un domingo de alta volatilidad geopolítica en toda la región.

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