Por Deutsche Welle |30 de noviembre de 2023, 13:13 PM

Henry, o Heinz Alfred Kissinger -como se llamaba originalmente- nació el 27 de mayo de 1923 en Fürth, Baviera, hijo del profesor de secundaria judío Louis y de su esposa Paula. En 1938 - cuando tenía 15 años- emigró a Estados Unidos con sus padres, huyendo de la persecución nazi de los judíos. Lo que siguió fue una carrera sin precedentes, de la que él mismo pareció asombrarse hasta la vejez.

Kissinger se enroló en el Ejército estadounidense durante los dos últimos años de la II Segunda Guerra Mundial, incluso hizo contraespionaje militar. Completó sus estudios en la famosa Universidad de Harvard con una disertación sobre el equilibrio de poder antes de la Primera Guerra Mundial.

Una veloz carrera al lado de Nixon

Kissinger ascendió rápidamente hasta convertirse en director del Seminario Internacional de la universidad en la década de 1950. Se hizo un nombre en los círculos políticos con sus análisis del conflicto Este-Oeste. Tras la construcción del Muro de Berlín, desaconsejó al Presidente Kennedy las contramedidas militares.

En 1968, el Presidente Richard Nixon lo nombró asesor de política exterior. Luego se convirtió en el experto de Nixon para asuntos de seguridad, y luego en Secretario de Estado, en 1973. Kissinger siguió en su cargo incluso tras la caída del Presidente Nixon por el escándalo de escuchas "Watergate”. Más tarde, habría de calificar el espionaje ordenado por Nixon como "pequeñas estupideces".

En 1973, Kissinger también recibió el Premio Nobel de la Paz, un honor muy controvertido debido a la implicación de Estados Unidos en la guerra de Vietnam. En negociaciones secretas con el Viet Cong, Kissinger había ayudado a poner fin a la guerra, que Estados Unidos estaba perdiendo.

Su legado en América Latina: daño a la democracia

En el mundo hispano a Kissinger también se le recordará por su respaldo a dictaduras como las de Argentina entre 1976 y 1983 y los últimos años del régimen de Francisco Franco en España. Su papel en la Operación Cóndor para reprimir a opositores latinoamericanos de izquierda o su apoyo al golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile en 1973 tuvo un nefasto impacto en la lucha por la democracia en América Latina.

"A Kissinger no le molestaban las dictaduras. De hecho, las cortejaba si estaban del lado de Estados Unidos y mantenían el comunismo fuera de América Latina”, explicó recientemente a la agencia de noticias efe Mario Del Pero, historiador de Sciences Po en París y autor de la biografía The Eccentric Realist.

Kissinger, a favor de una Europa fuerte

La habilidad especial de Kissinger residía en su gran capacidad para pensar en categorías geoestratégicas. No sólo reconoció tempranamente el desarrollo de China como gran potencia e inició la apertura estadounidense al Imperio del Centro, sino que también comprendió las oportunidades que surgían del colapso pacífico de la Unión Soviética. También apoyó la reunificación alemana en calidad de asesor.

Incluso después de su carrera como político profesional, Kissinger siguió siendo solicitado como orador y asesor hasta bien entrada su vejez. Tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 y la política bélica estadounidense en Afganistán e Irak, Kissinger advirtió contra una ruptura de la asociación transatlántica. Lo hizo sin abandonar en ningún momento la postura de su país de adopción, Estados Unidos: "No se trata de unilateralismo frente a multilateralismo, sino de la capacidad de encontrar un propósito común.

En una entrevista con el Financial Times en el verano de 2018, dijo que Trump podría ser "una de esas figuras históricas que surgen de vez en cuando para marcar el final de una era y obligarla a abandonar la vieja pretensión", y advirtió "tiempos muy, muy preocupantes".

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