Por Deutsche Welle 23 de enero de 2026, 15:40 PM

Más de una docena de Estados firmaron este jueves (22.01.2026) en Davos la carta de la Junta de Paz (BoP por sus siglas en inglés). Al margen del Foro Económico Mundial (FEM), nombraron a Donald Trump presidente de un nuevo organismo que, según su acta fundacional, tiene como objetivo mediar de forma pragmática en conflictos internacionales y establecer una paz duradera. Entre los firmantes se encuentra el propio Donald Trump, en su calidad de presidente de Estados Unidos.

Preocupación por el debilitamiento de la ONU

Mientras que algunos Estados aceptaron rápidamente la invitación de Trump a la Junta de Paz, otros, entre ellos varios socios de la OTAN como Alemania e Italia, se muestran reticentes. Y algunos como Francia, Reino Unido y Dinamarca, ya han rechazado la invitación.

Una de las principales razones del rechazo es que el mandato que se ha otorgado a sí mismo este organismo es demasiado amplio. En un principio, Naciones Unidas (ONU) encargó a Trump la creación de una Junta de Paz para Franja de Gaza. Sin embargo, ya no se habla de limitarlo al conflicto en el Medio Oriente.

De este modo, el actual presidente de Estados Unidos no solo amplía de forma arbitraria un mandato de la ONU que era muy restrictivo, sino que también está tratando de socavar a largo plazo el orden internacional basado en la Carta de las Naciones Unidas y la propia ONU, según la preocupación de muchos Estados que lo han rechazado.

En Davos, Trump se esforzó por disipar estas preocupaciones: "Una vez que este organismo esté completamente formado, podremos hacer prácticamente todo lo que queramos. Y lo haremos en colaboración con Naciones Unidas".

Dos días antes, en Washington, había admitido ante los periodistas, casi con pesar, que la Junta de Paz podría llegar a sustituir a la ONU en algún momento. Sin embargo, lo describió más como un resultado que como un objetivo: "Soy un gran admirador del potencial de la ONU, pero nunca ha aprovechado todo su potencial".

¿Podría tener éxito la Junta de Paz?

A la hora de seleccionar a los destinatarios de las cartas de invitación, Donald Trump ha tenido en cuenta un amplio espectro de destinatarios: aliados de larga data de Estados Unidos, incluidos todos los socios de la OTAN, así como Israel y Arabia Saudita. Y también competidores globales como China, Rusia e India. Asimismo, están invitados países gobernados por la izquierda, como Brasil, Vietnam y Camboya, y países islámicos sin vínculos especiales con Trump o Estados Unidos, como Indonesia y Pakistán.

No obstante, los expertos en derecho internacional consideran que la fuerte centralización en Donald Trump supone un problema fundamental para la legitimidad del organismo en formación. Aunque, como presidente de Estados Unidos, representa a su país en el organismo, según la Carta de la Junta de Paz, ocupa la presidencia a título personal. Y el poder del presidente es absoluto: sin su consentimiento, no se toma ninguna decisión, nadie puede ser admitido o excluido, y él mismo designa a su sucesor.

"Esto podría ser considerado problemático por otros países que posiblemente deseen seguir contando con cierta legitimidad jurídica por parte de la ONU, por ejemplo, cuando se trata de decisiones sobre el despliegue de tropas", opina Filippo Boni.

El politólogo Thomas Jäger, de la Universidad de Colonia, también califica el papel de Trump en la Junta de Paz como "totalmente inaceptable". Por eso no cree que pueda competir seriamente con la ONU, afirma Jäger en la cadena de televisión privada alemana n-tv: "Las Naciones Unidas son lo que tenemos en este momento: cuando los grandes Estados quieren algo juntos, hay que hacerlo".

¿Está China trabajando también en una ONU en la sombra?

Ahí radica precisamente uno de los problemas de Naciones Unidas. Los grandes Estados suelen estar en desacuerdo con demasiada frecuencia. Las guerras y los conflictos en países como Ucrania, Siria, Libia, Sudán y Yemen son solo algunos ejemplos de los últimos años.

El Gobierno chino ya ha rechazado formar parte de la Junta de Paz de Trump. La razón oficial: el multilateralismo y el derecho internacional, con las Naciones Unidas como instancia central, siguen siendo determinantes para la política exterior de Pekín.

Al politólogo Filippo Boni, de la Open University británica, no le ha sorprendido la postura negativa de China. Por un lado, Pekín tendría mucha menos influencia en la Junta que como potencia con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU. Por otro lado, con su Iniciativa de Gobernanza Global (GGI), China tiene precisamente la ambición de reformar el orden mundial multilateral según sus propios criterios.

"La concepción china del multilateralismo difiere de la occidental. Se basa en mayor medida en las ‘consultas conjuntas' bilaterales y rechaza las normas vinculantes generales para las relaciones entre Estados", explicó Boni a DW. En este sentido, la decisión de Pekín sobre la Junta de Paz supone más un rechazo al liderazgo global de Trump que un acercamiento a Naciones Unidas.

TikTokTeleticacom