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Donald Trump no suele quedarse callado y mucho menos cuando se trata de sus virtudes presidenciales. Antes de su mandato, prometió eliminar por completo la deuda estadounidense si llegaba a ser presidente: 19 billones de dólares en los ocho años que duran dos mandatos. Sin embargo, su balance hasta la fecha es descorazonador: pocos presidentes han gastado tanto dinero como Donald J. Trump. En lugar de eliminar deuda, cada vez se acumula más.

Eso es lo que muestran los datos más recientes de la agencia oficial Congressional Budget Office (CBO). Desde que Trump está en el cargo, las obligaciones de Estados Unidos han aumentado en alrededor de 2,5 billones de dólares. También aumenta el déficit público. Según el ministerio de Finanzas, solo en los primeros cuatro meses del nuevo año presupuestario, hay un 25 por ciento más de déficit que en el año precedente.

Un regalo envenado

La culpa de estas cifras la tiene, sobre todo, la masiva bajada de impuestos. Trump describió el paquete 2017 como un "regalo de navidad para la clase media”, un presente que ahora se vuelve contra él. La agencia del Congreso advierte incluso que la elevada y todavía creciente deuda representa un grave riesgo para Estados Unidos. La autoridad calcula que, ya en este año, el gasto fiscal podría superar los ingresos en alrededor de un billón de dólares.

A pesar de ello –o precisamente por eso- callan tanto los demócratas como los republicanos. En su discurso sobre el estado de la nación a principios de febrero, Trump no le dedicó ni una sola palabra a la inquietantemente elevada deuda. En su nuevo borrador presupuestario, poco se habla de aligerar la deuda. Aunque se la quiere reducir en 4,4 billones de dólares en los próximos 10 años, se elevarán los gastos militares, espaciales y de refuerzo de la frontera con México. Los demócratas también callan sobre la situación. En el primer debate televisado en junio de 2019, ni uno solo de los 17 demócratas se atrevió a mencionar la difícil situación presupuestaria estadounidense.

Tampoco los demócratas tienen la gallina de los huevos de oro

Que los demócratas dejen de lado esta situación durante la precampaña electoral tiene buenas razones. "Al estadounidense medio le interesa poco la deuda de EE.UU”, dice G. William Hoagland, vicepresidente del think tank Bipartisan Policy Center, con sede en Washington. Según él, el despegue económico de los últimos años ha llevado a los ciudadanos a una situación cómoda, en la que, gracias a los bajos intereses y al empleo récord, apenas perciben la deuda fiscal del país. "¿Por qué habrían de mencionar los demócratas un tema tan sensible y arriesgar su cabeza por ello?”, pregunta Hoagland, quien ha asesorado al Senado en cuestiones presupuestarias durante tres décadas.

El instituto de sondeos de opinión Pew Research Center ha investigado en 2019 qué temas interesan a los estadounidenses. Para el 70 por ciento de los encuestados, la fortaleza económica de Estados Unidos es el tema más importante. Después vienen cuestiones como la educación, los costes de la atención sanitaria y la lucha contra el terrorismo. En el otro extremo de los intereses de los estadounidenses se encuentran el cambio climático y los asuntos militares.

La izquierda democrática podría ganar puntos con sus programas sociales, como la reforma de los servicios sanitarios "Medicare for All”. Pero, cuando se trata de la financiación del proyecto, los candidatos presidenciales como Elizabeth Warren y Bernie Sanders se vuelven mudos. El think tank Urban Institute pronostica que el coste de implementación de ese programa podría llegar a elevarse hasta los 34 billones de dólares en los próximos 10 años. Un nuevo impuesto para ricos, como el que pide Warren, podría ayudar a sufragarlo. "Pero entonces nos encontraríamos financieramente en el punto en el que estamos ahora”, dice Hoagland.

La deuda no es problema de viejos

Según el Washington Post, hay al menos seis de los aún once candidatos presidenciales demócratas que se sienten obligados a estabilizar e incluso a reducir el volumen de deuda. Pero el silencio impera cuando se trata de explicar cómo hacerlo. El exvicepresidente Joe Biden dice que abordará el problema, pero, al mismo tiempo, promete inversiones valientes en empleo y comunidades. Por su parte,Bloomberg, el favorito de Wall Street, dice que su Gobierno asumirá "responsabilidad política financiera” y lo hará "incentivando las inversiones” y "con mayores gravámenes” a quienes más ganan. Pero no ofrece información más concreta. Tampoco la senadora moderada Amy Klobuchar dice mucho al respecto, tan solo promete querer estabilizar la deuda.

Tampoco dio muchos detalles Pete Buttigieg durante su discurso de campaña la pasada semana, cuando abogó por reducir el déficit fiscal. Sin embargo, Hoagland cree que Buttigieg podría tener éxito entre el electorado, ya que, por un lado, no asusta a los votantes con impuestos progresivos, como Warren y, por otro, parece comprometido con su generación. Buttigieg es el más joven de los aspirantes a la Casa Blanca y estará entre quienes sufran las consecuencias de la actual deuda fiscal en el futuro. En cambio, "la generación de Trump, Biden y Sanders no tiene por qué preocuparse al respecto”.

(ms/ers)

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