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Un gobierno no tiene que ser necesariamente reconocido por todos los Estados miembro de las Naciones Unidas para dirigirse a la Asamblea General. El gremio de la ONU decide a quien admite y a quién no. Para los talibanes, sería un paso importante hacia la legitimidad, o al menos hacia sus deseadas relaciones internacionales, si se les concediera el derecho a hablar en la ONU, con sede en Nueva York: "Queremos tener buenas relaciones con nuestros vecinos, con los países de la región y del mundo", dice el portavoz talibán Suhail Shaheen. Pero, ¿qué piensan otros gobiernos?

Alemania

"Si fuera políticamente posible y si la situación de seguridad lo permitiera, Alemania volvería a tener su propia embajada en Kabul", dijo el Ministro de Relciones Exteriores alemán, Heiko Maas en Qatar, agregando que "no sería un reconocimiento según el derecho internacional. Se trata de resolver problemas muy prácticos".

¿Cuáles son esos problemas? El riesgo en que corren las familias de los antiguos trabajadores afganos del Ejército alemán, del Ministerio de Relaciones Exteriores, así como de varias oenegés y medios de comunicación alemanes.

Alemania ha destinado 500 millones de euros de ayuda a los refugiados afganos en los países vecinos de Asia Central. De este modo, Alemania sigue cumpliendo con la ayuda acordada por la UE.

Unión Europea

La UE coordina la acogida de refugiados afganos en países vecinos a Afganistán. Para ello, destinará 300 millones de euros hasta finales de 2022, un tercio de los cuales procederá de Alemania. Además, el bloque comunitario quiere acoger a 30.000 refugiados afganos. La UE busca garantizar los derechos humanos en Afganistán y evitar que grupos terroristas como Al Qaeda o las ramificaciones de la organización terrorista Estado Islámico (Estado Islámico del Gran Jorasán o Estado Islámico de Afganistán) se fortalezcan allí. No en vano, el alto representante de Asuntos Exteriores de la UE, Josep Borrell, dijo que "para tener alguna influencia, no tenemos otra opción que negociar con los talibanes".

Estados Unidos

Estados Unidos, al igual que la UE, teme que las organizaciones terroristas puedan planificar atentados desde Afganistán. Biden aún no ha presentado una nueva estrategia para Afganistán. Por el momento, parece estar replanteándose las relaciones con Pakistán, al que Estados Unidos sigue considerando un socio estratégico. Todavía.

Pakistán

Es un secreto a voces que el servicio secreto pakistaní, la Dirección de Inteligencia Inter-Services (ISI) lleva mucho tiempo apoyando a los talibanes. El primer ministro pakistaní, Imran Khan, saludó la toma del poder por parte de los islamistas en Kabul como la liberación de Afganistán. Incluso durante el primer gobierno talibán (desde 1996 hasta 2001), Pakistán, junto con Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, fue uno de los tres países en reconocer oficialmente el "Califato Islámico de Afganistán". Ahora, en Washington son cada vez más fuertes las exigencias de redefinir las relaciones con Islamabad.

Por otro lado, Pakistán no quiere acoger a más refugiados de Afganistán. Casi 1,5 millones de afganos viven ya en el país vecino del sur.

Turquía

Turquía también muestra un claro interés en frenar el éxodo desde Afganistán. Ese país es visto por muchos como un trampolín hacia la UE, y el gobierno turco teme que muchos se queden. Turquía ya ha comenzado a construir un muro en su frontera con Irán. Pero Ankara también está buscando un diálogo diplomático con los talibanes, que le han pedido a Turquía gestionar el aeropuerto de Kabul.

Qatar

El emirato del Golfo Pérsico no es un país de refugiados ni tiene que temer los ataques terroristas de los islamistas. Pero ha asumido el papel de mediador. La familia gobernante Al-Thani mantiene vínculos con los Hermanos Musulmanes y la organización terrorista palestina Hamás. Desde 2013, los talibanes mantienen una oficina en la capital, Doha. Al mismo tiempo, Qatar alberga una de las mayores bases militares estadounidenses en Oriente Medio.

Rusia

Rusia clasifica a los talibanes como organización terrorista, pero ha mantenido contactos con ellos durante años. Vladimir Putin ha llamado a la "cooperación constructiva” con los talibanes.

Moscú teme que los islamistas de Afganistán ganen influencia en las antiguas repúblicas soviéticas de Tayikistán, Turkmenistán y Uzbekistán, originalmente musulmanas. Esta fue precisamente una de las razones de la intervención soviética en Afganistán de 1979 a 1989, que se convirtió en un fiasco para los soviéticos.

Rusia está interesada en las materias primas afganas, pero le preocupa el aumento de la producción de heroína en Afganistán y es uno de los pocos que no ha cerrado su embajada en Kabul.

China

China es el país más abierto a los talibanes. Pekín busca explotar recursos minerales afganos y ampliar su nueva Ruta de la Seda. Por otro lado, Pekín teme a la creciente influencia de los islamistas radicales en su vecindad. Afganistán limita con la región de Xinjiang, poblada por la minoría uigur musulmana, brutalmente reprimida por Pekín.

Varios cientos de uigures radicales se habrían unido a los talibanes. La confianza mutua es poca, pero Pekín buscaría "comprar” a los talibanes con inversiones.