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Plantar miles de árboles, hacer gradas de plástico reciclado o medallas a base de materiales usados: los organizadores de los grandes eventos deportivos que atraen a miles de espectadores intentan, de mejor o peor grado, poner su granito de arena en la defensa del medioambiente y mostrar su lado ecologista.

Desde 1995 el medioambiente figura en la carta olímpica. Pero eso no evita los interrogantes en torno a la nieve artificial y al coste medioambiental de la construcción de pistas de esquí alpino para los Juegos Olímpicos de Pekín en unos meses.

En el mundo del fútbol, el Mundial de Catar con sus numerosos estadios climatizados no lo tendrá fácil para vender una imagen verde.

Pero pese a todo ningún organizador puede ser ajeno a esa tendencia.

"En Alberville, los costes medioambientales fueron cero en el dossier de la candidatura", dice Wladimir Andreff, economista del deporte, al recordar los Juegos Olímpicos de invierno celebrados en 1992 en esa localidad francesa.

"Hoy existe una presión cada vez más fuerte sobre los organizadores", explica Didier Lehénaff, quien lanzó los "ecogames", evento deportivo eco-responsable.

En ese sentido cita al Tour de Francia "que implantó zonas para tirar los residuos" y que sanciona a los equipos incumplidores.

Este expresidente de la unión europea de triatlón "se puso del lado verde de la fuerza" en los años 2000 para "hacer el deporte más eco-compatible".

Además de las infraestructuras, uno de los factores más contaminantes de los grandes eventos son los desplazamientos de los espectadores y de los equipos, explica a la AFP este miembro del 'think tank' Deporte y Ciudadanía.

'Asunto estratégico'.

Responsable RSA (Responsabilidad Social Ambiental) de las 24 Horas de Le Mans, Jérôme Lachaze, trabaja para que los 250.000 espectadores semanales que acuden al circuito opten por venir en tren. También prioriza el futuro combustible "100% renovable" en la pista para 2022, y evoca un proyecto para "probar recuperadores de polvo de frenos".

"La presión viene ahora de los patrocinadores, ellos dicen: '¿cuál es vuestra estrategia RSA?', y si no tienes esa estrategia no te financio", cuenta este antiguo miembro de WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza) a la AFP.

Desde la nueva sede plagada de certificados de excelencia medioambiental del COI (Comité Olímpico Internacional), Marie Sallois, directora de desarrollo durable del COI, explica a la AFP que se ha convertido en un "asunto estratégico" para la instancia olímpica desde 2015.

En cuanto a los espectadores, los Juegos a puerta cerrada de Tokio hicieron bajar la factura sin buscarlo, mientras que el COI está "atento a todas las iniciativas de transporte aéreo sobre el desarrollo de soluciones de descenso de carbono".

Pero eso no se logra de un día para otro. También combate la idea de que las infraestructuras olímpicas caigan en el olvido. Sus equipos contabilizaron "más del 75% de los recintos existentes aún utilizados" de 900 construidos durante el siglo.

Euro2020 = 50.000 árboles.

Para Didier Lehénaff no hay más solución que "evaluar, reducir y compensar". Lo ideal es "disminuir el número de infraestructuras, su talla, aumentar la capacidad de las sedes" pero también "disminuir el número de competiciones y el número de partidos".

Para él, los organizadores de los Juegos Olímpicos de París van por el buen camino, con la promesa de una factura dividida por dos respecto a las ediciones precedentes, con 1,5 millones de toneladas de CO2 y pocas construcciones.

Pero no es sólo una cuestión de CO2. Un estudio del centro de economía y de derecho del deporte (CEDS) sobre la Ryder Cup, competición de gol que se disputó en Francia en 2018, evaluó su gasto de agua en "492.093 metros cúbicos, lo que supone el volumen de 197 piscinas olímpicas". Sin contar los insumos químicos.

A menudo para compensar, florecen las promesas de plantaciones de árboles.

La UEFA prometió así plantar 50.000 árboles para compensar su Eurocopa en 12 países. "El fútbol de alto nivel planta árboles, comunica sobre ello y con cree limpiar su imagen", lanza Didier Lehénaff, enfurecido con la idea de un Mundial de fútbol cada dos años.

En el debate que se mantiene en las más altas instancias deportivas nadie esgrime el argumento del medioambiente... pero apunta a "la economía del fútbol" o incluso a "la salud de los jugadores". 

"La toma de consciencia no es la misma en todos los países, en todas las federaciones, en todos los deportes" resume Jérôme Lachaze. 


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