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En España, un hombre lleva 30 años alimentando a las mantarrayas.

Diego y Josefina es el nombre de dos enormes mantarrayas que acuden todos los días para que Diego, un pescador de la zona, les alimente.

“Ellas tienen un carácter muy curioso. Son de hábitos costeros, viven en profundidades de hasta 60 metros. Siempre han estado asociados con estas conductas”, explica Yaiza Sistiaga, biólogo marino.

Pero lo que puede resultar tierno, según los biólogos, también puede tener consecuencias negativas, por ejemplo, un exceso de confianza puede facilitar su captura y no siempre se les da el alimento que les corresponde.

“Yo a ellas las amo, ellas son mis ganas de vivir, me preocupo mucho por que estén bien alimentadas”, relató Diego, quien las considera de la familia.