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Durante décadas, los humanos han buscado formas de vida desconocidas en el universo infinito. Pero todavía siguen muy inexploradas muchas de las formas de vida que pueblan el fondo de nuestros océanos. De los aproximadamente 300 millones de kilómetros cuadrados de fondo oceánico, solo se ha explorado el 5 por ciento hasta ahora. Y es que, a partir de los 200 metros de profundidad, la oscuridad, el frío y la presión son tan elevados que las profundidades marinas han sido consideradas durante mucho tiempo tan hostiles para la vida como el espacio exterior.

Un equipo de científicos, que quiere arrojar luz sobre esa oscuridad, partió el 5 de noviembre en el buque de investigación alemán "Sonne" (Sol) hacia una expedición por las profundidades del Atlántico Norte, en dirección a Groenlandia. Durante cinco semanas, 27 biólogos, oceanógrafos y geólogos de varios institutos de investigación alemanes estudiarán la vida de los organismos más pequeños en las profundidades del Atlántico, a 5.000, e incluso 6.000 metros de profundidad, desde el extremo sur de Groenlandia hasta las Islas Canarias.

Extensiones infinitas, como en el cosmos

"El mar profundo sigue siendo la gran incógnita, y queremos saber quién vive realmente allí", dijo la jefa de la expedición, Saskia Brix, antes de que partiera "Sonne". El 71 por ciento de la superficie de la Tierra está cubierta por mares, y la mitad de estos tiene una profundidad de tres kilómetros. El Pacífico, por ejemplo, alcanza su punto más profundo en la Fosa de las Marianas, a una profundidad de alrededor de once kilómetros.

Las aparentemente hostiles profundidades marinas son, al mismo tiempo, el mayor ecosistema de la Tierra, con una biodiversidad presumiblemente tan elevada como la de las selvas tropicales. Sin embargo, más del 90 por ciento de las especies que viven en lo hondo del mar aún no están descritas y no tienen nombre. "Es un poco como la nave Enterprise, pero en las profundidades del océano. Vamos a llegar a lugares que ningún ser humano ha visto antes", aseguró Saskia Brix.

¿No es posible la vida en las profundidades del mar?

La investigación en aguas profundas fue coiniciada por el naturalista inglés Edward Forbes. Durante una expedición en el Mediterráneo, a mediados del siglo XIX, Forbes capturó una estrella de mar a unos 400 metros de profundidad y pudo así demostrar que la vida en el océano no se limita a la zona situada justo debajo de la superficie del océano.

Sin embargo, llegó a la conclusión de que la vida marina se volvía cada vez más pobre en especies a medida que aumentaba la profundidad, y que, a partir de unos 500 metros, comenzaba una "zona azoica” en la que ya no hay vida. Pero, si bien en el mar Mediterráneo hay pocas formas de vida a esas profundidades, en otros océanos la realidad es bastante diferente.

Aún así, hubo que esperar hasta la década de 1960 para que los métodos de investigación se perfeccionaran lo suficiente como para detectar hasta los más pequeños habitantes de las profundidades de la supuesta "zona azoica”. Y con ello, poco a poco, se ha ido viendo lo enorme que es la biodiversidad de las profundidades marinas.

Biodiversidad en peligro

En el primer análisis mundial de aguas profundas, el "Censo de la Vida Marina", que se llevó a cabo entre 2000 y 2010, unos 2.700 investigadores de 80 países descubrieron un total de 250.000 criaturas, previamente descritas, en las aguas profundas, y unos 20.000 habitantes marinos desconocidos hasta entonces. Sin embargo, estiman que el número de todas las especies en los océanos del mundo supera el millón.

Pero este diverso hábitat estaría amenazado. Durante décadas fueron arrojados residuos, e incluso los desechos nucleares, sin cuidado alguno, en las profundidades del mar supuestamente deshabitadas. Hasta el día de hoy, las aguas residuales de los hogares, la industria y la agricultura siguen fluyendo hacia los océanos sin ser tratadas.

Los microplásticos también se acumulan en el agua y en el fondo marino. Por ello, la actual expedición "Sonne" pretende investigar no solo la biodiversidad, sino también la presencia de microplásticos en las profundidades.

(ct/cp)