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¿Le ha pasado que usted descarga una aplicación para conocer personas y se ilusiona casi a la misma velocidad con la que usted fácilmente se podría enojar y hasta decepcionar cuando no logra hacer 'match' o, si lo hace, esa persona no resulta ser como se describe?

Este tema lo he escuchado con más frecuencia entre amigos y allegados, y me pregunto si no nos estamos despersonalizando a tal grado que le perdimos el gustito a socializar y hasta 'ligar' en vivo, y centramos nuestras esperanzas e ilusiones en conocer a alguien por alguna de esas aplicaciones.

Hay varias y pienso en Tinder, una que se ha extendido con una rapidez impresionante.

Incluso, hay quienes centran y concentran sus energías en ver si conocen a su media naranja en Facebook, Instagram o Snapchat.

Esta conversación la tuve anoche con varios amigos y realmente llegamos a la conclusión de que no hay aplicación ni red social suficientemente buenas que superen el contacto uno a uno, en vivo.

Pero también coincidimos en que los seres humanos no debemos canalizar nuestras energías en conocer a alguien si antes no nos disfrutamos más; si antes no nos sentimos bien al punto de querer disfrutar un paseo, una tanda en el cine o un café solo o sola o con la gente que te rodea y te prodiga cariño y amor.

Hay que bajarle las revoluciones a esa carrera desenfrenada por querer hacer 'match' en alguna de esas aplicaciones, a las que se suele culpar de una serie de males. Pero, a ver... las aplicaciones son un medio, no el fin. No deberían controlar las emociones de quienes allí están. 

Si usted tiene un perfil abierto -que por cierto, cuide lo que pone, lo que dice o lo que comparta y no se exponga a un daño de alguien malidicente- no se aferre, no piense que esa aplicación será su tabla de salvación para su corazón.

Insisto: mejor disfrute el día a día, rodéese de gente que le aporte buenas vibras, cariño y hasta risas, y si el día de mañana conoce a alguien por una de esas app pues dese la oportunidad. Eso sí, trate de mantener los pies sobre la tierra y vaya con calma; no se desboque y tantee el terreno.

Si por alguna razón no funciona, pues no se decepcione o desespere. Si funciona y las cosas salen mejor de lo previsto, pues entonces viva el momento y disfrútelo.