29 de marzo de 2016, 4:25 AM

¿Qué nos pasa? Y hago esta pregunta con un enorme sinsabor.

Gente irresponsable que conduce temerariamente sin importarle su vida, ni la de sus acompañantes ni la de los conductores de los otros vehículos ni la de los peatones.

Por una persona insensata, irresponsable y temeraria una adulta mujer murió -a inicios de mes- arrollada en Puriscal.

Un joven de 21 años fue asesinado vil y cobardemente por una turba de hombres en playas del Coco, Guanacaste. Y otros muchachos más -amigos del fallecido- resultaron heridos producto del ataque con arma blanca.

Una carrera de picones en la carretera principal de Pavas terminó con la amputación de ambas piernas de una joven, que hoy yace en una cama del hospital del Trauma.

Unos hombres encontraron su mayor placer y éxtasis en arrastrar una tortuga por las calles de la costa limonense, a vista y paciencia de quienes los grabaron mientras conducían con el quelonio amarrado a la parte trasera del carro.

Y la lista de asesinatos, accidentes de tránsito y agresiones contra animales son moneda de curso en la agenda informativa diaria de los medios.

Si ustedes me preguntan no tendría una respuesta para estos sinsentidos, pero podría esgrimir desde falta de valores hasta el tráfico de drogas. 

Hay una total falta de amor por la vida, de respeto por el prójimo, de tolerancia y un exacerbado matonismo, de poco o escaso amor por la vida.

Incluso me temo decir que hay una falta de respeto a la autoridad; nos importa un comino si por un hecho me expongo a la justicia. 

Al final de cuentas -pensarán esas personas- la "justicia es blanda". Y por lo que leo en redes sociales existe una sensación de impotencia entre quienes aseguran que en este país hay una enorme impunidad. 

El abogado Juan Diego Castro ha dicho, en reiteradas ocasiones, que más del 98% de las denuncias por diversos tipos de delitos que llegan a los tribunales de Costa Rica queda sin castigo. 

Esto también abre un debate sensato y necesario sobre el trabajo de las diferentes instancias judiciales en cuanto a la solidez de las investigaciones, en aras de evitar que un juez o jueza no se las traiga abajo por falta o inconsistencia de las pruebas.

Pero también está el debate sobre la necesidad de dotar de más y mejores recursos a nuestras autoridades, y que les permitan realizar un trabajo óptimo.

Los invito para que como sociedad reflexionemos sobre esta vorágine de acontecimientos que han ocurrido y que, en muchos casos, han enlutado a familias que hoy lamentan la muerte de un ser querido.

Y también a quienes lamentan que como sociedad hemos perdido sensibilidad y amor por el prójimo, incluyendo los animales.