3 de mayo de 2016, 6:28 AM

De verdad... ¡Qué caro es vacacionar en Costa Rica! A menos que uno decida llevar su comida, su tienda de campaña y su buen ánimo, pero hospedarse en un hotel razonablemente bueno, comer decentemente y pagar por una bebida en un lugar turístico se convierte en un atentado a la billetera.

Y esto lo deben resentir con mayor fuerza quienes tienen familia. No es lo mismo que alguien soltero decida "invertir" en una escapadita de fin de semana (ya sea playa o montaña) -que posiblemente no bajará de los ¢100.000-, a una familia de cuatro o cinco miembros que deberá desembolsar un ojo de la cara. Igualmente me parece que es muy caro tanto para los solteros como para los que tienen familia.

El argumento del sector turístico y de las autoridades del ramo es que nuestro país ofrece experiencias de calidad con valor agregado, y que estas experiencias tienen un costo. Puedo entender que el sector debe hacerle frente a cargas sociales importantes y que no se pueden ni deben eludir.

Pero por qué los costarricenses pagamos precios como si estuviésemos en los destinos más urbanos del planeta; es más, me atrevería a decir que aquí se cobra hasta más que en ciudades con mayor arrastre turístico en cuanto a su popularidad o volumen de visitantes.

Tiempo atrás lo comprobé en un viaje al extranjero: en ese país desembolsé la tercera parte de lo que he pagado aquí por dos noches de hotel de playa. 

Recientemente, Teletica.com publicó un informe sobre la creciente popularidad y estrategias que destinos como Cuba, Colombia y Nicaragua están desarrollando para atraer a más visitantes a sus múltiples y variadas bellezas.

Destaco el caso de Colombia, país que realiza esfuerzos importantes por posicionarse como un destino multicultural, histórico y ecológico, especialmente una vez se logre el tan ansiado y merecido acuerdo de paz entre el Estado y la guerrilla de las FARC.

Cuando ambas partes firmen el documento y se comiencen a ver los primeros resultados de dicho esfuerzo -que pueden tomar meses o años-, el sector turístico será uno de los más beneficiados, tanto que el Gobierno está a las puertas de exonerar a los turistas del pago del impuesto de ventas.

Costa Rica ha sido y es pionera en el turismo de conservación, en ese turismo en el que las bellezas naturales son nuestro principal baluarte y estandarte, y hay países como Colombia, Ecuador y los mismos centroamericanos que buscan cómo copiar o replicar nuestro modelo (¿se acuerdan de la campaña publicitaria ecuatoriana que buscaba hacer creer a los turistas que estaban en Costa Rica cuando en realidad estaban en un sector de ese país?

Pero es importante que no matemos a la gallina de los huevos de oro con precios ridículamente elevados, por más campañas del ICT para promover el turismo local, especialmente en la época lluviosa.

Los costarricenses queremos conocer más de nuestro país, que es una joyita, una postalita bendecida por el ser supremo, pero que suele ser una postalita colocada en un estante de oro solo accesible para quien tiene billeteras abultadas, sin importar si hablan o no el idioma de Cervantes.