12 de junio de 2016, 9:28 AM

Los hombres y mujeres de bien -sin distingo de raza, nacionalidad o diversidad sexual- están de luto por la tragedia de este domingo en Orlando, Estados Unidos. 

Pero es un hecho de que esta masacre golpea y maltrata particularmente a la comunidad LGBT (lésbico, gay, bisexual, transexual), que este mes celebra el Orgullo Gay.

Es en estas fechas cuando se conmemora un año más de las luchas por la igualdad de derechos y que comenzaron en 1969, en el bar Stonewall de Nueva York, luego de una represión policial que visibilizó con más dureza las persecuciones contra la población sexualmente diversa.

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Hay que decirlo: los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales han sido tradicionalmente discriminados, señalados y cuestionados por su elección de vida.

En numerosas latitudes occidentales los LGBT son considerados ciudadanos de segunda categoría, y de quinta categoría o infrahumanos en otras con pensamientos y políticas más radicales. 

Solo basta revisar recientes publicaciones de medios de prensa para ver cómo, por ejemplo, ISIS o el Estado Islámico mata sin compasión a los homosexuales.

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Recuerdo las fotos de dos jóvenes gays que fueron lanzados, con los brazos amarrados y vendados, desde una azotea solo por el simple hecho de no ser heterosexual.

Aún en países más avanzados en temas de derechos humanos, esta población sigue viviendo en especie de guetos: bares exclusivos -porque en uno heterosexual pueden ser echados si exhiben una muestra de afecto en público-, hoteles con orientación lésbico-gay y hasta desfiles del Orgullo Gay.

Costa Rica no es la excepción y aquí todavía hay una gran oportunidad para avanzar en un pleno reconocimiento en los derechos de la comunidad LGBT. 

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Recientemente, la Caja Costarricense del Seguro Social le dio luz verde a la extensión el beneficio de la pensión por viudez a las parejas del mismo sexo. En octubre del 2014 la misma entidad permitió que las parejas del mismo sexo compartieran su seguro social.

Un análisis del diario El País de España de este domingo -con motivo de la masacre en el bar Pulse de Orlando- pone en perspectiva la realidad de la población sexualmente diversa.

Y hay un ejemplo que me llamó la atención, porque lo viví el año pasado junto con tres de mis mejores amigos: en los llamados GayDays de Orlando, Disney -que tradicionalmente se había considerado en el paladín de la llamada familia tradicional o nuclear- un día a la semana abrió sus brazos a la comunidad LGBT, que acudió a hogar de Mickey y Pluto vistiendo una camiseta roja.

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¿Y por qué los gays, lesbianas, bisexuales y transexuales vistieron una camiseta roja? Porque fue un llamado a la sociedad para entender que el concepto de familia se ha modificado, se ha ampliado, se ha hecho más inclusivo.

Disney no patrocina los GayDays, pero -como dice El País- "los acepta con una silenciosa solidaridad, abriendo sus brazos y sus cajas registradoras a las decenas de miles de miembros de la comunidad LGBT" que visitan Orlando en junio. 

Nadie se escandalizó, nadie se sobresaltó y hubo un enorme respeto a las familias diversas, como esas que ha mostrado en nuestro país el anuncio de Pozuelo.

Hoy, 365 días después de aquella hermosa experiencia, no logro evitar la tristeza y sentir el pecho apretado de dolor por lo que ocurrió en el bar Pulse, en la misma localidad que, año con año, se ha vuelto más tolerante y amorosa con la comunidad LGBT.

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Valga esta lamentable coyuntura para hacer un llamado al respeto y a la tolerencia para quienes no viven, no piensan ni aman como "la mayoría" y desterrar el odio y la exclusión; incluso, en redes sociales, donde abundan los comentarios llenos de rabia, de furia y de odio.

A la luz de lo ocurrido en Orlando, un amigo me envió un texto que invita a "no esconderse, no callarse, no asustarse, no parar de bailar (...) Hacerlo es darle la victoria" a quienes prefieren el odio por encima del amor y la inclusión.

Desde aquí envío mis oraciones llenas de amor y fortaleza para las familias y amigos de las víctimas de la masacre en el bar Pulse, en la Florida.

Actualizado a las 4:45 p.m.