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La historia del costarricense Jake Pérez Correa, nuevo jugador de la organización de los Padres de San Diego, es una consolidación de un sueño lleno de fe, apoyo e impulso que comenzó a tomar forma en las canchas del Parque Metropolitano La Sabana.

Con 20 años, el tico logró esta semana cerrar un trato con los Padres de San Diego, luego de permanecer en República Dominicana todo un año esperando por que algún equipo se fijara en él, logro que al final consiguió.

Su camino no fue tan solo permanecer en una tierra extraña. Su formación como pelotero inició desde muy chico cuando asistía a las canchas de La Sabana a jugar pelota.

Su entrenador en ese entonces, Hugo Acevedo, lo recibió con los brazos abiertos y forjaron juntos una relación de deporte y de gran amistad que con el tiempo se ratificó porque en los equipos de Acevedo siempre hubo espacio para Jake.

“Claro que recuerdo que llegó todo flaquillo a La Sabana, la verdad que un gran muchacho, educado, enfocado en jugar béisbol, líder en su puesto, aunque como todo chiquillo medio ‘maldoso’ porque era de los que estaban ahí molestando y haciendo bromas con los compañeros. Lo tuve en mis equipos y hasta de junta bates en una Selección”, recordó Acevedo.

Pasó por equipos de Liga Menor como los Gigantes de La Sabana, CCDR de San José, CCDR de Alajuela, Selección Nacional y ya a los 16 años jugaba Liga Mayor con el equipo alajuelense.

Siempre fue de menos a más en una posición que para nada es fácil en el diamante, ser shortstop, estar ahí entre la segunda y tercera base para parar en seco cualquier ataque del rival, con mucha concentración, velocidad, buen fildeo y buen brazo.

“Lo de Jake era béisbol, destaco mucho la visión de su mamá porque a pesar de las dificultades lo mantuvo ahí jugando, él fue creciendo, ahora usted lo ve mucho más veloz y fuerte. Y en eso también yo le doy mérito al entrenador Julio Villalón, el conocido ‘Brujo’, que lo estuvo entrenando al lado de Kyrian Medrano, el mejor amigo de Jake”, destacó Acevedo.

Pérez nunca se sintió solo, recibió también el apoyo de Elpidio Serrano, coach que forma parte del área de desarrollo en la Federación Costarricense de Béisbol y es instructor para Latinoamérica de Mayor League Baseball (MLB). Él aconsejó a Jake en cada uno de sus pasos porque ha tenido formación en scouting de jugadores y contactos en suelo dominicano.

“Es un gran muchacho, con San José él ganó medalla de oro en Juegos Nacionales y estuvo acá entrenando en Béisbol City (local de caja de bateo) antes de irse a Dominicana”, indicó Serrano.

“Muchas personas me han ayudado en este proceso, a todos les agradezco tanto apoyo. No puedo olvidar a dos personas como Hugo Acevedo que abrió las puertas de su casa y hasta me dio la oportunidad de trabajar en su negocio y de Elpidio Serrano por todos sus consejos en este proceso”, dijo Pérez.

La visión de madre.

Su madre Jacqueline jugó un papel importante en la consecución de este objetivo de ser firmado. Ella sabía que su “niño” estaba para grandes cosas.

“Me siento muy orgullosa de que ese sueño haya sido cumplido, lo he apoyado desde niño y cuando uno ve todo ese empeño sabe que Dios lo recompensará. En mi corazón siempre he sentido de que va a llegar lejos”, apuntó la madre del jugador.

“Mi madre, mi hermano y mi novia también son parte de este éxito y sé que mi mamá ha llorado mucho. A ella le agradezco porque luchó por la familia, se esforzó porque no nos faltara nada. Y mi novia a pesar de la distancia fue de las que estuvo ahí para sostenerme cuando sentía que ya no se iba a dar, ambas fueron de gran motivación para mí”, sentenció Jake, quien es de padres cubanos, pero tico de nacimiento.

Reza una frase muy común que dice “la fe es lo último que se pierde” y es que Jake lo vivió en carne propia tras experimentar sin duda el mejor momento de su carrera deportiva: estar sentado en la oficina del Complejo de los Padres en República Dominicana para estampar su firma como beisbolista profesional.

Y es el joven tico tenía casi lista la maleta para regresar a Costa Rica luego de prácticamente un año de mucho esfuerzo, trabajo y mejora como jugador en la academia Ostrov-Hunt, pero no había visto la luz al final del túnel sobre todo por la pandemia del COVID-19 que enfrió en muchos casos la tentación de los scouts por hacerse de los servicios de nuevos prospectos.

“Fue como raro porque ya había hablado con mi mamá de que me devolvía para Costa Rica, no fue fácil dejarlo todo en su momento para estar en Dominicana por tanto tiempo. Sin embargo, los Padres volvieron a ver mis videos, posteriormente me visitaron otra vez y se decidieron por darme la oportunidad. Fueron muchos try out con diferentes equipos y al final los Padres me firmaron”, comentó Pérez, quien se declara fiel creyente en la oración, en la buena comunicación y relación con Dios para salir adelante.

“Yo a los chicos les digo que primero nunca se rindan, que nadie se interponga en sus sueños, que luchen por ellos, pero que oren mucho, que Dios siempre está ahí en el momento que uno menos cree”, acotó.