2 de junio de 2026, 15:14 PM

Periodista: Jimena López Araya.

En Bijagua de Upala, Alajuela, comunidades y conservacionistas trabajan juntos para encontrar soluciones que permitan la convivencia entre las personas y una de las especies más importantes para la salud de los ecosistemas: la danta de Baird.

Aunque suelen pasar desapercibidas entre la vegetación, las dantas cumplen una función clave en los bosques tropicales. Por millones de años han recorrido los territorios que hoy conforman Costa Rica, transportando semillas, conectando hábitats y contribuyendo a la regeneración natural de los ecosistemas (ver video adjunto de Telenoticias).

Por esa razón son conocidas como las "jardineras de los bosques".

Estos mamíferos pueden consumir hasta 30 kilogramos diarios de hojas, frutos y semillas. Durante sus desplazamientos, que abarcan decenas de kilómetros, dispersan semillas y nutrientes que favorecen el crecimiento de nuevos árboles y la recuperación de áreas boscosas.

Una especie bajo presión

Pese a su importancia ecológica, las dantas enfrentan múltiples amenazas. La cacería ilegal, los atropellos en carretera y la pérdida de hábitat provocada por la expansión de actividades humanas continúan poniendo en riesgo su supervivencia.

Sin embargo, Costa Rica se ha convertido en uno de los principales ejemplos de conservación de esta especie en la región.

"Costa Rica ha sido muy importante para la conservación de las dantas, porque es prácticamente el único país donde tenemos recuperación de las poblaciones de la especie", explicó el biólogo consultado para este reportaje.

Según el especialista, este avance es resultado de décadas de esfuerzos en conservación y del fortalecimiento del sistema nacional de áreas protegidas.

"Eso no es por arte de magia. Tiene mucho que ver con el sistema de áreas protegidas que ha desarrollado el país en los últimos 50 o 60 años", señaló.

El experto también destacó el papel de las comunidades en la protección de la biodiversidad.

"Las comunidades costarricenses han aprendido y entendido que en la naturaleza existe un medio de desarrollo mucho más equitativo y mucho más humano que explotar la naturaleza", agregó.

Cuando la conservación llega a las fincas

En comunidades cercanas al Corredor Biológico Miravalles-Tenorio, como Bijagua, las dantas y las personas comparten territorio de manera constante.

La especie posee una gran capacidad de adaptación y modifica su dieta según la disponibilidad de alimento. En ocasiones, esto la lleva a ingresar a cultivos agrícolas, generando afectaciones para algunas familias productoras.

Ante esta realidad, el reto consiste en encontrar mecanismos que permitan proteger tanto la biodiversidad como los medios de vida de las comunidades.

Las cámaras trampa instaladas en la zona han permitido conocer con mayor detalle los movimientos de las dantas entre los bosques y las áreas productivas. Esta información ha servido para implementar medidas orientadas a reducir los conflictos sin afectar a los animales.

Cercas para promover la coexistencia

Una de las estrategias que ha mostrado mejores resultados es la instalación de cercas eléctricas de bajo impacto.

"Una cerca eléctrica a la altura de las rodillas evita que las dantas ingresen a los cultivos", explicó Jonathan Murillo.

El proyecto también brinda apoyo económico a productores para implementar este tipo de infraestructura.

"Se apoya con ciertos recursos privados a ese agricultor para que pueda producir y mantener esa coexistencia", indicó.

Murillo enfatizó que estas cercas no causan daño a los animales.

"La cerca produce un pequeño choque eléctrico. Las dantas son muy sensibles, especialmente por su trompa. Igual que ocurre con el ganado, aprenden que ese espacio tiene una barrera y evitan ingresar", comentó.

Mucho más que proteger una especie

La conservación de las dantas va más allá de proteger a un animal emblemático de la fauna costarricense.

Su presencia es fundamental para mantener procesos naturales que favorecen la regeneración de los bosques, la conservación de fuentes de agua y el equilibrio de ecosistemas completos.

Pero los especialistas coinciden en que esos esfuerzos solo pueden ser exitosos cuando las comunidades forman parte de las soluciones.

En Bijagua, el trabajo conjunto entre agricultores, vecinos y conservacionistas demuestra que la coexistencia entre las personas y la vida silvestre no solo es posible, sino que también puede convertirse en una herramienta clave para garantizar el futuro de una especie esencial para los bosques de Costa Rica.

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