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Costa Rica tiene, al día de hoy, una de las peores calificaciones crediticias de riesgo de toda Latinoamérica.

Así lo indica el último reporte del Indicador de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI, por sus siglas en inglés) elaborado por la empresa de servicios financieros J. P. Morgan Chase.

Al 1° de junio anterior, Costa Rica reporta un EMBI de 8,18%, solo un poco por debajo del índice de El Salvador (9,29%).

“El indicador EMBI refleja el diferencial que hay entre la cotización del bono soberano (del país) contra el bono del tesoro de los Estados Unidos (riesgo cero). Costa Rica presenta un 8,18%, es decir ocho puntos porcentuales por encima de lo que paga el bono del tesoro, muy diferente de un Uruguay, Colombia o Paraguay, que son países mucho más sólidos y reflejan mucha más seguridad para los inversionistas”, explicó el economista Daniel Suchar.

En Perú (el mejor calificado del área) esa diferencia en la tasa de interés es de 1.89% con Estados Unidos, mientras que en Panamá (mejor de Centroamérica) es de 2,33%.

Por encima de Costa Rica también aparecen Guatemala (3,72%) y Honduras (4,55%), así como gran parte de las naciones suramericanas.

“Costa Rica presenta un desorden en las finanzas públicas, no es por nada todo lo que ha sucedido en los últimos días no solo con el jerarca del Ministerio de Hacienda (renunció hace una semana) sino también en la inestabilidad de poder apegarse a la reforma fiscal y de poder ver cuáles son los recortes importantes para poder tener unas buenas finanzas públicas a mediano y largo plazo”, añadió Suchar.

Una peor calificación significa un detrimento en la situación financiera y fiscal de los países y por lo tanto un mayor riesgo de impago para los inversionistas, lo que se traduce en intereses más altos y plazos más ajustados.

En febrero pasado la calificadora Moody’s rebajó a Costa Rica de B1 a B2, una decisión que según dijo entonces el exministro de Hacienda Rodrigo Chaves le costaría al país alrededor de $250 millones por año.

Esta semana Moody’s aplicó una nueva rebaja pasando la nota de “estable” a “negativa”, uniéndose también a la decisión de la firma Fitch Ratings que pasó a Costa Rica de B+ a B.

“En los últimos días hemos visto que se han devaluado todos los países emergentes en la región de Latinoamérica. Si bien es cierto que hay algunos que presentan unas calificaciones muchísimo más bondadosas y sólidas en sus finanzas públicas, lamentablemente hay países que siguen estando muy por debajo y ese es el caso de Costa Rica y El Salvador”, añadió el economista.

Esa nueva realidad supone un golpe importante para el plan de endeudamiento del Gobierno, que tiene en cola al menos siete préstamos internacionales enfocados precisamente en el recambio de la deuda pública y la atención de la pandemia por el COVID-19.

Precisamente esta última ha sido uno de los grandes detonantes de esa baja en las calificaciones de las economías emergentes.

Por ejemplo, el EMBI de Costa Rica en marzo anterior era de 5,67%.