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La red está, desde hace semanas, repleta de bromas sobre un fenómeno sorprendente: el papel higiénico. Es uno de los productos más solicitados. Está agotado en muchos supermercados e incluso ha habido disputas por los paquetes de rollos blancos. ¿Es el papel higiénico una nueva moneda de cambio?

Britta Krahn, profesora de psicología empresarial en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Bonn-Rhein-Sieg, denomina a la fiebre masiva que reina en muchos países por el papel higiénico como "comportamiento rebaño": "Este es el momento de máxima pérdida de control", dice, "de máxima incertidumbre y de mayor cambio". La vida social se reduce de cien a cero. "Nadie sabe lo que pasará", afirma. Sin embargo, muchos tratan ahora de recuperar el control. Cuando se agotan las máscaras protectoras y los desinfectantes, "simplemente se compra lo que se puede y lo que no se echará a perder, y el papel higiénico se ha convertido en una metáfora de la seguridad, incluso en un símbolo de la crisis", añade. Y símbolo de todo lo desagradable que está asociado con el virus.

Papel higiénico en la Edad de Bronce

Aparentemente, los alemanes y no solo ellos, siguen una costumbre histórica. Las hojas de Petasites hybridus se usaron como papel higiénico ya en la Edad de Bronce. Esta conocida planta medicinal todavía lleva el nombre popular en Baviera, en el sur de Alemania, de "raíz del trasero".

Hasta que se utilizó el primer papel higiénico, se usaron trapos, esponjas, a veces incluso aves de corral vivas, según el historiador y biólogo suizo Daniel Furrer. La mano izquierda estaba reservada para la limpieza del cuerpo en muchas culturas, particularmente en Asia; el apretón de manos y la ingesta de alimentos, se realizaba con la derecha.

Musgo y heno, sustituyendo al papel

Por primera vez, el papel higiénico apareció según el sinólogo e historiador británico de ciencias Joseph Needham (1900-1995) en China en el siglo VI. En 851, un viajero escribió: "Ellos (los chinos) no tienen mucho cuidado con la limpieza, y no se lavan con agua cuando han hecho sus necesidades, sino que solo se limpian con papel".

También es interesante lo que los arqueólogos encontraron durante las excavaciones de letrinas medievales en la antigua ciudad hanseática de Tartu, hoy Estonia. Los investigadores hallaron diferencias cualitativas en los restos textiles de los hogares, algunos de los cuales se utilizaron como papel higiénico, lo que permitió sacar conclusiones sobre el estatus social del hogar: en hogares ricos usaban telas de lana desgarradas, finas y suaves e incluso seda. Por el contrario, los restos textiles de los hogares más pobres provenían de telas bastante toscas y simples.

Periódicos, papel industrial y de baño

La proliferación de periódicos y la producción de papel industrial también impulsaron el avance del papel como artículo de higiene. La expansión del inodoro en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XIX finalmente requirió un papel especial que no obstruyera las tuberías del alcantarillado.

En Mittenberg, Baviera, la empresa Fripa de papel de baño ha aumentado su producción masivamente por el coronavirus. La compañía normalmente fabrica 130.000 toneladas de papel higiénico al año, pero ahora será el doble. Sus clientes son cadenas mayoristas y minoristas. "Producimos al límite", asegura el portavoz de la compañía, Jürgen Fischer, "pero no podemos seguir el ritmo. Es por eso que ahora hay plazos de entrega". Él no se explica por qué la gente está tan obsesionada con el papel higiénico: "Tal vez porque es fácil de almacenar y no demasiado caro". Mientras tanto, Fischer aconseja un "comportamiento prudente del cliente, y serenidad".

Amontonando comida, acto sustituto del tipo luchador

El sociólogo e investigador de riesgos Ortwin Renn, director científico del Instituto de Investigación de Sostenibilidad Transformativa (IASS) en Potsdam, diferencia entre tres tipos de compradores de papel higiénico. "De la investigación de riesgos, sabemos que existe la persona que ignora el peligro, el que escapa atrincherándose y el luchador". Estos últimos se vuelven activos contra la amenaza y hacen compras exageradas como especie de "acto sustitutivo". También influye la educación recibida y las experiencias vividas.

La sicóloga empresarial Anja Achtzinger, de la Universidad Zeppelin, en Friedrichshafen, cree que "en el trabajo, en la familia, entre amigos se habla permanentemente si se ha comprado y almacenado muchas cosas. Quien no haya amontonado nada, se pondrá nervioso y entonces también comprará en exceso". Por cierto, la sicóloga no cree que el papel higiénico se convierta en moneda de cambio. (rmr/dzc)