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La angustia por el coronavirus llevó al mundo a lavarse las manos con renovado vigor, pero los artistas se las estrujan debido a la anulación de eventos masivos que amenazan al mundo del entretenimiento con el caos económico.

La semana pasada se cancelaron grandes eventos, incluido el festival de música electrónica Ultra de Miami y el famoso South By Southwest, un evento de 10 días de cultura y tecnología en Austin. El festival de Coachella, previsto para abril, fue aplazado hasta octubre.

Pearl Jam, Madonna y Santana se hallan entre los artistas de primer nivel que han cancelado o aplazado conciertos tanto en casa como en el extranjero debido al temor por el coronavirus, mientras la Orquesta Sinfónica de Boston y el American Ballet Theater de Nueva York también anularon giras por Asia y Medio Oriente.

Elvan Sahin, una residente de Manhattan de 32 años, decidió no acudir a un concierto de música clásica esta semana en el Lincoln Center de Nueva York debido al virus. "Creo que me sentiré más cómoda si aguardo a que esto pase", dijo.

"Estoy acostumbrada a no escuchar las exageraciones sobre huracanes y tormentas de nieve, pero este virus contagioso es una cosa nueva para mí", dijo a la AFP.

"Ya sé que sueno loca, pero no estoy tomándomelo con mucha calma".

Edificio en llamas

Kevin Lyman, fundador de Warped Tour, un grupo de rock en gira de 1995 a 2019, dijo que la última vez que vio un caos de este tipo en la industria del entretenimiento fue después de los atentados del 11 de septiembre de 2001.

En medio de ese shock, recordó que la primera reacción fue "seguir con el show".

"Y por supuesto que eso no se hizo", dijo a la AFP. "El negocio de la música cerró por un tiempo".

Pero Lyman dijo que el pánico actual por el coronavirus "no tiene precedentes".

Adam Siegel, gerente de entretenimiento de American Agents & Brokers, una compañía de seguros cuyos clientes incluyen Ultra, dijo que eventos masivos como Coachella pueden tener hasta cuatro o cinco pólizas de seguro diferentes.

Los seguros contra ataques terroristas son comunes desde el 11/9, y muchos estadounidenses compran seguros contra tiroteos y masacres, indicó. Pero el contrato promedio no tiene una cláusula para enfermedades virales transmisibles.

Ahora es demasiado tarde. "No se puede sacar un seguro para un edificio que se está incendiando", dijo.

"Si tienen una póliza que va a responder, en la mayoría de los casos necesitamos que una agencia del gobierno desenchufe la cosa", sostuvo Siegel.

Esa condición es probablemente la razón por la cual el festival de Coachella en California -que aguardaba a 125.000 personas en dos fines de semana de abril y cuyas entradas están agotadas hace meses- esperaron que el condado de Riverside declarase una emergencia pública para anunciar el aplazamiento.

"Territorio desconocido"

Un mandato del condado de Riverside, la autoridad municipal del festival musical realizado en el desierto californiano, para cancelar o aplazar el show desataría cualquier póliza de seguro que tengan los organizadores, dijo Siegel.

También permitiría que se aplique la cláusula de "fuerza mayor" en los contratos, que elimina la responsabilidad financiera entre artistas y promotores en caso de emergencias extremas e impredecibles.

Coachella genera cada año ganancias de entre 75 y 100 millones de dólares, según el diario Los Angeles Times.

Por ahora solo lo han pospuesto, pero si hay una anulación, el pago de los seguros debido a una razón de fuerza mayor podría oscilar entre 150 y 200 millones de dólares.

Depende de los contratos de cada artista, pero éstos posiblemente puedan guardarse lo recibido hasta el momento, aunque no recuperarían el dinero gastado en la producción del set.

Al final, "todo dependerá de la causa de la pérdida y si eso era un peligro cubierto en tu póliza", dijo Siegel. "No es blanco o negro. Está abierto a interpretaciones. Es realmente territorio desconocido".

"Devastador"

Las consencuencias económicas de aplazar o cancelar grandes festivales y eventos tienen consecuencias más allá de los promotores y artistas, dijo Siegel.

"Hay mucho en juego", dijo. "Hay mucha más gente en esta cadena alimenticia que serán afectados: vendedores, el equipo, comercios locales".

"En una economía que paga por evento o concierto, mucha gente que fue contratada para Coachella, por ejemplo, podría perder mucho dinero".

Casi 400.000 personas residen en el Valle de Coachella, y muchos de ellos están en la tercera edad, la población que resultaría más golpeada por el coronavirus.

Pero es también una zona donde reina el turismo: la oficina de turismo del área de Palm Springs dice que la industria de 7.000 millones sostiene un puesto de trabajo de cada cuatro.

El temor en el circuito de los festivales es mundial, dijo Lyman.

Grandes compañías de entretenimiento como AEG -la empresa matriz de GoldenVoice, que organiza Coachella- o Live Nation "sufrirán el golpe", pronosticó, pero son los propietarios independientes de clubs los que enfrentan serias amenazas financieras.

"Podría ser devastador para esos pequeños empresarios que dependen del negocio semanal y no tienen grandes fondos de reservas", indicó. 

"Cada día que pasa esto los afecta un poco más".

El mundo del espectáculo tambalea por las cancelaciones, pero hay al menos un artista con el cual pueden contar las salas de concierto.

Es Bob Dylan, de 78 años, que el lunes anunció una gran gira por Norteamérica, que se suma a sus 14 conciertos previstos en Japón en abril.