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John Oliver, el rey británico de la sátira política en EE.UU.

En la era Trump, el mayor cómico de la televisión estadounidense es un británico con un acento suavemente regional y un humor cáustico.

FEB 08 2017 Agencia AFP

En la era Trump, el mayor cómico de la televisión estadounidense es un británico con un acento suavemente regional y un humor cáustico.

John Oliver, de 39 años, regresa a las pantallas este domingo con la cuarta temporada de la premiada serie de HBO "Last Week Tonight" en un momento en que la presidencia de Donald Trump es acusada de probar los límites de la libertad de expresión y de prensa.

Oliver posiblemente más que nadie ha ocupado la silla dejada por Jon Stewart, el humorista estadounidense que transformó la comedia política del país antes de retirarse de "The Daily Show" en 2015, justo cuando Trump comenzaba a avanzar hacia la Casa Blanca.

Fue en "The Daily Show" donde Oliver ganó fama. El programa lo sacó de la oscuridad en Inglaterra y le dio empleo de 2006 a 2014, en segmentos de estilo periodístico en los que aparecía vestido de traje y con el cabello revuelto como un rockero.

En 2013 reemplazó a Stewart cuando trabajó en el proyecto de una película. HBO le ofreció luego su propio programa.

"Last Week Tonight" fue lanzado en 2014. Sentado tras un escritorio, también de traje oscuro, lanza golpes verbales sobre temas de peso como los créditos a las compras de automóviles, las escuelas "charter" (que reciben fondos del gobierno pero son independientes del sistema público escolar, a veces privadas) y el desperdicio de comida.

Esto lo convirtió en una voz respetada, bien posicionada para la llegada de Trump al poder. Un segmento sobre la campaña fue visto 31 millones de veces en YouTube.

"El año pasado fue bastante duro", dijo Oliver en una entrevista con periodistas en Nueva York.

"Normalmente uno toma algo serio y lo convierte en tonto. Pero si ya tienes algo estúpido, ¿cómo le muestras a las personas que eso es realmente más importante de lo que parece? Ese fue el problema", dijo.

Ahora, Oliver espera que su trabajo sea difícil pero de otra manera. Dice que parte del lenguaje que viene de la Casa Blanca es "objetivamente peligroso", por ejemplo Trump diciendo que la prensa es la oposición.

No solo Trump

Pero también es receloso de dedicar demasiado tiempo al nuevo presidente.

El año pasado dedicó solo ocho de 30 shows a Trump y la elección, y esta temporada dice que no quiere tomar "el camino fácil de hacer que todo gire en torno a Trump".

El programa ha estado trabajando con historias que nada tienen que ver con el gobierno, aunque de manera tangencial casi todo lo sea "porque la solución a cualquier problema potencial tiene que pasar por la Casa Blanca".

Como el año pasado, cuando trató los temas del Brexit y la crisis política en Brasil, Oliver quiere dar a los televidentes una idea de lo que está pasando afuera, por ejemplo el avance de la candidata de extrema derecha Marine Le Pen en Francia antes de las elecciones de mayo.

El equilibrio

Aunque Oliver no esconde necesariamente sus tendencias de izquierda, le gusta creer que su rigor le permite llegar a una audiencia más amplia que la demócrata y de centro.

Destaca por ejemplo que un segmento sobre incautaciones policiales abusivas consiguió muchos comentarios positivos en sitios web conservadores.

"Espero que incluso gente que es diametralmente opuesta a lo que yo puedo ser políticamente encuentre cosas interesantes en el programa", dice.

"No podrán decir 'los hechos están errados' pero pueden totalmente disentir de mis conclusiones".

A pesar de que relativamente pocos británicos tienen éxito en la televisión estadounidense, Oliver es particularmente inusual porque era poco conocido en Inglaterra. Su hogar y su carrera ahora están aquí, asegura.

"En general, los comediantes son outsiders. Es un ojo de extranjero. Y probablemente me ayude ser de un país diferente", opina. 

Aunque su trabajo muchas veces es comparado con periodismo, Oliver prefiere no verlo así.

"Es bastante claro que no es periodismo", sostiene, y destaca que su programa depende del trabajo de periodistas que trabajan para otros medios.

"No estoy calificado", señala. "Necesitamos gente que haga ese trabajo periodístico y que su trabajo aparezca en televisión para poder hacer clips sobre eso".

También es consciente de que la libertad de expresión consagrada en la Constitución estadounidense y el modelo de HBO, libre de publicidad, le dan un margen inusual a la hora de escoger sus blancos, por ejemplo las grandes corporaciones.

"No asumo eso a la ligera, lo cual significa que quiero aprovecharlo, joder", dice. "Es por eso que siento incluso una obligación mayor de batear tan duro como pueda".

 

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