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Rogelio Benavides/Editor/rbenavides@benapres.com 

Cumpleañeros 

Comienzo con un saludo para la empresaria Gilda Castro Jenkins, quien celebra su cumpleaños este viernes 2 de octubre, día de Los Ángeles Custodios; esperamos que pase muy feliz con su esposo el deportista Alfredo “El Chatillo” Piedra. También celebran su natalicio esta semana la periodista Amelia Rueda (cumple el 3 de octubre), el empresario Mario Montenegro (3), el programador de Columbia Estéreo Cristian Acuña (4), mi entrenador personal Allan Ramírez Arrieta (5), la periodista Irina Grajales (5), la periodista y modelo Maureen Anchía (5), la esteticista Gabriela Ramírez (5), la chef Ana Lucía Ugalde Esquivel (7), el famoso entrenador y bailarín Luis Zeledón  (7), la profesora Rosario González (7), el fotógrafo José Barrantes (8) y el juez Martín Aldaburu (8), emperador de El Novillo Alegre, puros cortes argentinos.  

Gilda Castro Jenkins y su esposo Alfredo “El Chatillo” Piedra

​No hay crónica social, por ahora 

Retomadas las acciones por estos recovecos, algunos han preguntado por la crónica social y por las reseñas de restaurantes y, por el momento, no hay. Así de complicada está la cosa. En estas tormentas del COVID-19 no se puede hacer nada, ya no hay inauguraciones, presentaciones, conciertos y actividades similares como para hacer las reseñas y críticas correspondientes. Imagínense mis queridos sobrinos, ya vamos por octubre y todavía no sabemos si tendremos Nochebuena, hasta Santa Claus se niega a venir por miedo a ser contagiado. ¿Ir a un restaurante para reseñar el servicio o la calidad de la comida? No se puede. Es un lío, llega uno y come hasta con susto. 

Todo el mundo nos ve raro y con eso de la mascarilla, con costo nos reconocemos. Ahora va a uno a cenar y apenas logra probar un plato y tomarse una copa de vino: poco antes de las diez de la noche todo el mundo sale como semilla de guaba, porque empieza la restricción vehicular. Antes íbamos a un sitio de estos o a una inauguración y uno hacía una reseña sobre los invitados, los mal portados, los bien portados y la calidad de lo servido, pero ahora ni siquiera reconoce uno a los transeúntes. En fin, superada esta pandemia, retomaremos aquellas sanas costumbres de reseñar, constatar y criticar. Quedan avisados, por ahora están perdonados.
 
Los bailes de tubo 

Recuerdo cuando en los nights clubs donde bailaban señoritas culipeladas, una de las infaltables atracciones era el baile del tubo (pole dance) o baile de la barra. Digo “bailaban” porque con esto de la pandemia, quién sabe cuándo volverán. Todas las damiselas debían hacer la dichosa acrobacia y para facilitar el requisito, en algunos de estos sitios tenían instructores y donde no había, las niñas se tiraban a pista sin paracaídas. Este baile del tubo inició en Inglaterra en la década de los ochenta y años después los tuvimos por estas tierras del Paso de la Vaca y del Tango India. 

Cambian los tiempos, ahora existen varias academias dedicadas a la enseñanza del pole dance, como una manera de ejercitarse, para distraerse y liberarse, pero en ninguno de los casos es para bailar en un centro nocturno o hacer algo relacionado con el erotismo. No es una moda, es un estilo de vida y son muchos quienes asisten a estas academias. Conozco decenas de muchachas serias, profesionales y figuras conocidas que se han convertido en verdaderas expertas en el baile del tubo. 

Hecha la aclaración anterior, menciono a mi respetada colega Paula Brenes, excelente profesional, acertada presentadora de televisión, buena muchacha y ahora también experta en esa exótica danza; vimos detenidamente sus videos y nos convenció. Se sabe varias piruetas (figuras) como el Brass Monkey, según pudimos comprobar en un video en el que se aprecia en todo su esplendor, la maestría de la periodista en el tubo. Ver para creer. ¡Felicidades! También tengo unas líneas de aprecio y admiración para Paula, gran periodista, creativa, trabajadora y una de las profesionales más honestas de nuestro medio… Cada día la respeto más, mucho más. 

Paula Brenes Rodríguez.

Destino: La Mierda 

Si a usted lo mandan un día de estos para La Mierda, no puede enojarse ni hacer caritas, siempre y cuando esté en tierras guanacastecas. Aunque no lo crea, en Cañas Dulces de Liberia, hay un lugar conocido como La Mierda, pero en realidad se llama Buena Vista. Todo empezó hace 70 años cuando don Rafael Molina bajaba por el diario al pueblo y una vez que se tomaba unas cuantas copitas y debía tomar fuerzas para subir el empinado camino hacia Buena Vista decía: “Ya me voy para la mierda…” y así se quedó el pueblo. Claro, en la división territorial de Costa Rica no aparece, ni por asomo, con tan nauseabundo nombre. Allí, cerca del cielo, viven más o menos mil personas y el padrón electoral registra 482 electores, 259 hombres y 223 mujeres. Lejos de oler feo, en La Mierda, soplan buenos aires típicos de aquellas alturas guanacastecas desde donde se divisa el centro de Liberia y también el Rincón de la Vieja, que cada día está más vieja y que no sabemos cómo huele… pero tampoco debe ser muy agradable por las emanaciones de azufre. A los lugareños no les gusta que llamen así a su pueblo, pero ya se ha hecho una costumbre difícil de erradicar del bronce de la historia. Y ¿cómo será el gentilicio de quienes viven allí? Mejor no sigamos. 

Mejor tomar vino 

Y ya que estamos en temas relacionados con mierda, les tengo un consejo saludable. Para aquellos que siempre son vistos con una botellita de agua en sus manos es importante que sepan: en un número de ensayos cuidadosamente controlados, los científicos han demostrado que si tomamos un litro de agua cada día, al cabo de un año habremos absorbido más de un kilo de Escherichia coli —bacteria encontrada en las heces—. En otras palabras, estaremos consumiendo un kilo de caca. En cambio, no corremos ese riesgo cuando tomamos vino, cerveza, ron, aguardiente, whisky u otro licor, ya que el alcohol tiene que pasar por procesos de purificación, ebullición, filtrado y fermentación. Como lo dijo Benjamín Franklin: “En el vino hay sabiduría, en la cerveza hay libertad y en el agua hay bacterias”. Por lo tanto, es mejor tomarse unos tragos y hablar paja, que tomar agua y comer mierda.

Mejor tomar vino como lo hace la licenciada Carolina Castro.

GASTRONOMÍA: 

Se llama sangría 

Aclaración innecesaria: soy amante de la cultura de España y de la gastronomía de ese gran país. Desde hace unos años tengo un restaurante llamado Estación Atocha, especializado en comidas y bebidas ibéricas. Normalmente escribo sobre temas de gastronomía, no sé cocinar, pero sí catar e investigar. Escribo sobre los restaurantes que visito, lo hago porque lo disfruto y porque, en la medida de lo posible, observo la objetividad. También escribo sobre Estación Atocha Don Bosco y trato de hacerlo siempre con rigor profesional, como corresponde a un periodista de opinión. Hecha esta aclaración. Hablaré de la sangría.
 
En Estación Atocha del histórico barrio Don Bosco sirven sangría, hecha con buena receta de la casa. Quienes la prueban, regresan una y otra vez. Para facilitar el proceso y el acceso, ahora también se embotella, por si alguien se la quiere llevar. La sangría es una bebida alcohólica refrescante típica de España, normalmente consiste en vino, fruta picada, un endulzante y algún licor. El Diccionario de la Real Academia define así la sangría: “Bebida refrescante que se compone de agua y vino, con azúcar y limón y otros aditamentos.” La sangría se consume desde, al menos, la primera década del siglo XIX en España. En nuestro país la sangría se hace cada vez más popular en bares, restaurantes y saraos.

Te tengo un vieras...
 
Vieras que Glenda Medina anda presumiendo con el cuerpo labrado con los consejos de Carlos López Grazioso su entrenador personal. Glenda, quien últimamente luce un cuerpo tonificado, esconde bien sus 42 años, porque la procesión va por dentro. Glenda se fue a la playa, se tomó una foto en biquini y le dio las gracias a López por la clase de oblicuos de ese día, que la dejó “planita” ocultando la poca dieta que hace. ¿Qué más incluirá el plan de entrenamiento de Glenda? Solo su peinador lo sabe. Dicen que incluye, carne fresca, colágeno, proteínas, leche, huevos y polla, perdón pollo.   

Glenda Medina presume de su marcado abdomen. 

Vieras que como esto de la pandemia nos ofrece más tiempo libre de la cuenta y menos plata también, muchos se han puesto muy creativos. El humorista Alex Costa, al igual que muchos artistas, no tiene presentaciones artísticas ni nada parecido, sus apariciones se limitan estos días a su intervención como juez en Tu Cara Me Suena (TCMS). Claro un día de estos que lo vi con un montón de chunches en el patio, pensé que lo habían echado de la casa, pero no, estaba animando su propia venta de cachivaches. Sacó del closet un montón de carajadas: unas pantallas de televisión, unas tenis de marca, una colección de sombreros y tiliches similares. Tenía unas zapatillas Nike como nuevas a ¢10.000 y unas de otra marca a ¢7.000; los sombreros —sin caspa— los daba a tres por ¢12.000. Cuando estaba mostrando los zapatos deportivos se percató de que aunque estaban casi sin usar, algunas tenían las suelas embarradas de cualquier cosa, pero se notaba a simple vista la ausencia de yuyos y hongos. Espero que le haya ido bien con la venta de garaje, más bien de closet.
 
Vieras que la Miss Costa Rica del 2008 María Teresa Rodríguez, conocida como Tere Rodríguez, no para, siempre está renovando y haciendo cosas para salir adelante. Esta semana, por ejemplo, la vimos ofreciendo descuentos para quienes compraran unos esmaltes para uñas. Bien por ella, mujer honesta, dulce, emprendedora y muy trabajadora. Por cierto, Tere se desplaza aún en el vehículo que se ganó hace 12 años por ganar el certamen de Miss Costa Rica y, como también es cuidadosa, el chunchito funciona perfectamente. Doble puntaje para ella.

Vieras que el 28 de setiembre tuve triple destello y casi me estrello. En la edición del mediodía, en vez de Ignacio Santos, apareció la talentosa y bonita periodista Natalia Suárez. Pensé: ya esto es ganancia, porque ella me gusta más que su jefe. Natalia se veía como es, seria, aplomada e irradiando destellos de natural belleza; por algún momento la imaginé como la protagonista de alguna de esas series de época que se difunden en Televisión Española. Peeeeero, algo no estuvo bien. Su blusa de abalorios dorados provocaba el molesto moaré (mareo) y de acuerdo con los movimientos, también destellaba cual hada festivalera. 

¿Quién la dejó salir con esa indumentaria? Todos los que trabajan en esto de la tele saben que cuadritos, rayitas y similares producen el mentado efecto. Al final de cuentas, no le puse mayor atención a lo que ella decía, como a los elementos distractores en cuestión. Por lo demás, me sigue gustando Natalia con su carita y su risita bonita. 

Bueno con esta me despido. Por ahora toca hacer caso, portarse bien, acatar las indicaciones de las autoridades sanitarias. Ya volveremos a recorrer las calles, ir a conciertos y estar más despiertos. Ahora cada quien debe cuidarse y no esperar que otros lo hagan por él.
 
Eso es todo, los quiere Tía Zelmira, la que todo lo mira.