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José María Villalta- PFA

Villalta propone un impuesto para la comida chatarra, ¿es posible?

El texto exacto dice: “Crear un impuesto especial sobre el consumo de comida chatarra, bebidas gaseosas y otros alimentos de alto contenido en azúcares y grasas saturadas".

Daniel Quesada 23/1/2014 04:04

El plan de gobierno de José María Villalta, candidato presidencial del Frente Amplio, contiene varios puntos en los que plantea la creación de nuevos impuestos, como método para mejorar la recaudación. Uno de ellos tiene que ver con la comida chatarra.

Villalta propone, dentro del capítulo dos de su plan de gobierno titulado “Seguridad social: salud y pensiones. Rescate y refundación de la Caja Costarricense del Seguro Social”, crear “un impuesto especial” que funcione como fuente de financiamiento para el régimen.  Pese a que intentamos, por más de 24 horas, hablar con él para que explicara los métodos para llevar a cabo el plan, no tuvimos respuesta.

No obstante, el texto exacto dice: “Crear un impuesto especial sobre el consumo de comida chatarra, bebidas gaseosas y otros alimentos de alto contenido en azúcares y grasas saturadas”. En ese punto, entonces, el análisis debe ir en dos vertientes: tema nutricional y el apartado tributario.

Surge aquí la interrogante de qué tipo de alimentos deben ser incluidos dentro de esa categoría de “chatarra”, y cuál será el criterio para establecer esa división para separarlos de los demás comidas que forman parte del mercado de alimentos y bebidas.

“Los ingresos generados por este tributo se destinarán a fortalecer los programas públicos dirigidos a promover una alimentación saludable de nuestra población, así como a prevenir y atender enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión”, continúa la propuesta.

Criterio adecuado

Es precisamente en ese aspecto donde la propuesta puede sonar compleja, pues existiría la posibilidad de que alimentos no considerados chatarra o incluso bebidas, sean, consecuentemente, incluidos dentro los rangos para el gravamen.

Para el nutricionista de la Clínica Bíblica, Mauricio Quesada, “para que un alimento sea chatarra tiene que abusar de ingredientes que no sean naturales y que aporten poco o ningún valor nutritivo a la dieta diaria de una persona”.

Sin embargo, apunta que “en las comidas rápidas usan carnes y vegetales” que tiene valor nutritivo y no podrían categorizarse así. Debido a que no pudimos conocer cuál es el criterio que propone el frenteamplista para diferenciar, surge, como se hizo en México, la posibilidad de una medición de calorías.

Pero, nuevamente,  el especialista considera que no sería el más adecuado, ya que “puede ser arroz, frijoles, maduro al vapor y chayotes al vapor, que por la cantidad sería altamente calórico. Las calorías muchas veces no dependen del alimento, sino del tamaño de la porción”.

“Yo no creo que sea la manera ideal, no depende  solo de calorías, sino de los ingredientes, la calidad de estos, y la forma como se preparó ese alimento. Mucho está en la conciencia de la gente, uno no se autocontrola; estaría en una cuestión de educación del consumidor”, finalizó.

“Una opción equivocada”

La eventual aplicación de esta medida, inevitablemente, tendría un efecto no solo sobre los consumidores, sino sobre el sector de la industria de alimentos y bebidas, pues su actividad estará condicionada por un gravamen que no existió anteriormente.

En esa parte de la balanza, desde la Cámara Costarricense de la Industria Alimentaria (CACIA) el plan no es bien visto, pues son de la opinión de que si de prevenir males y promover hábitos saludables se trata, existen medios más adecuados.

“La idea de poner impuestos a la comida, es una opción que consideramos equivocada (…) reducir la propuesta al simple encarecimiento vía impuestos de uno de los grupos alimentarios sea cual sea, en realidad lo que deja en evidencia es un gran desconocimiento sobre la temática”, dijo Mario Montero, Vicepresidente Ejecutivo de CACIA.

Frente a ese panorama, Montero asegura  que más bien proponen un abordaje integral y científico “de las variables que explican el problema” por medio de la educación y el incentivo de la información sobre estilos de vida saludable, de la mano con mayor actividad física.

“El comercio se verá afectado en tanto surja un entorno de desinformación sobre alimentos específicos, eso dañará la imagen de empresas y marcas (…) no obstante, el principal dañado será el consumidor, quien no tendrá ningún impacto de ninguna naturaleza sobre su estilo de vida”, concluyó Montero.

La creación de un nuevo impuesto

Pese a la oposición habitual a la creación de nuevos impuestos, el economista Francisco Sancho, cree que es una opción casi inevitable la creación de nuevos gravámenes, debido a la situación del país, cuyo crecimiento se encuentra estancado y con un déficit fiscal preocupante.

Desde el punto de vista de la creación de un nuevo impuesto, Sancho considera que es viable técnicamente establecerlo, pues así se ha hecho en otros países, un ejemplo de ello es España, donde las bebidas energizantes han sido gravadas.

“Así como hacemos una diferenciación de la canasta básica, de decidir si un producto se exonera o no, se podría decir que ciertos alimentos paguen un 17, 18 o hasta 20% de impuesto de ventas. Así se inhibe a la población de que lo consuma”, explicó.

El experto destaca el ejemplo del uso del cinturón de seguridad, en el que se podría entender que el Estado dicta su obligatoriedad debido al alto costo de atender las personas que resultan lesionadas por no usarlo. “Podrían decir que es muy caro atender a gente obesa o con diabetes”.

Eso sí, asegura que el punto de cuidado deberá estar en el criterio para decidir a qué producto se le establecen impuestos.