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Aquel 24 de noviembre de 2016 Didier Arrieta le dio libre a sus 23 empleados y se dedicó a proteger las instalaciones del negocio del que vive: el balneario Thermo Manía en Bagaces, a las faldas del volcán Miravalles.

El proceso era de alguna manera simple: cubrir cada ventana con láminas para así protegerlas del viento, para él la principal amenaza ante la alerta de huracán que preocupaba a Costa Rica.

Su negocio está a orillas de la quebrada Hornillas, un riachuelo que esa misma noche arrasaría con un pueblo, mataría a cuatro personas y destruiría el 60% de su balneario.

A las 11 p. m., cuando la tempestad de Otto le dio un respiro, llegó hasta Thermo Manía para evaluar los daños.

“Yo llegué y lo primero que vi fueron las piscinas destruidas, todo estaba en penumbras, luego empezó a llover de nuevo y entendí que tenía que irme, pero me llevé una idea del daño”, aseguró este empresario y ganadero.

Esa idea, sin embargo, se volvió inútil con los primeros rayos de sol: Thermo Manía fue cubierta por completo entre barro, palos y piedras: de 14 piscinas seis fueron totalmente destruidas y las restantes dañadas, 24 ranchos desaparecieron así como el spa y dos suites, además de la gran modelo que albergaba 140 animales de los cuales solo seis sobrevivieron.

Ningún otro comercio en todo el país sufrió tanto como el suyo.

Las pérdidas, según Arrieta, alcanzaron los ₡200 millones, pero contra todo pronóstico, el balneario reabrió sus puertas menos de un mes después de la tragedia, sin prescindir de ni un solo trabajador y honrando sus obligaciones aún sin generar ingresos.

“El 24 de noviembre fue la avalancha y la reapertura el 15 de diciembre. Aquí tengo que darle gracias a Dios, a mis colaboradores y a los voluntarios de todas las iglesias de la zona, fueron como 400 personas que vinieron a ayudar en la limpieza a cambio nada más de la comida, que fue lo que yo les ofrecí”, recordó Arrieta.

Familia

“Nunca pensé en cerrarlo y mucho de eso lo hice por mis empleados, porque eran 23 que se transforman en más de 60 personas que viven de esto. Ahí mismo me dije a mí mismo voy a restablecerlo, vi que sí podía, que gracias a Dios en mi familia no tuvimos ninguna pérdida humana, que el daño fue solo material y que había que levantarse”, aseguró el empresario.

Sus empleados ofrecieron ayudarle en la tarea y postergar incluso el pago del aguinaldo, pero Arrieta cumplió con sus obligaciones.

“Ellos tienen sus familias y esperaban su aguinaldito, eso era algo que no podía hacer”, añadió.

Vendió parte de su ganado y acudió a su familia y los bancos para recoger la mayor parte del dinero posible.

“Uno tiene que ser humano, tocarse el corazón y entender que sin los empleados no es nadie, ¿qué hace uno con plata y sin ayuda?, no crece. A los muchachos no los abandoné, ellos tienen siete o más años conmigo, llegaron sin nada y aquí han hecho sus vidas, sus familias, tienen su casa, son parte de uno, de la familia.

“Hay familia que uno no ve en años, a ellos es todo los días, todos los días es agradecimiento. Nosotros no somos gente de demasiada plata, pero entre todos lo logramos”, afirmó.

Hoy, un año después, Thermo Manía está recuperado en un 95% y los trabajos no se detienen.

“Ya estamos casi listos, nos falta la granjita que yo espero poder empezar a trabajar a partir de enero, vamos a ver cómo nos va en diciembre”, aseguró Arrieta con una sonrisa.