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Lo encontramos en los alrededores de Barrio Amón, en San José. Era su hora de almuerzo y estaba sentado en un rincón, a la orilla de la calle, ajeno al movimiento y los ruidos de la ciudad. Leía atentamente, pero no logramos descifrar de qué se trataban esas páginas. Días más tarde, nos contó que el receso de mediodía se le va leyendo la Biblia.

“Ese ratito del almuerzo lo aprovecho, porque esto es comida para mí también. Leer La Biblia es comida para el alma, para el corazón, para el espíritu”, dijo. Ese es el texto que lo acompaña día y noche, incluso lo carga en su carretillo. 

Él es don Hans Oswaldo Madrigal Aguilar, más conocido como “El Pastor”. Tiene 54 años y es vecino de Barrio Cuba. Este padre de dos hijos se confiesa amante de la naturaleza y una persona muy positiva. “Soy el hombre más alegre de San José”, asegura.

Desde 1994 trabaja en la Municipalidad de San José. Empezó en el Área de Parques, pero ahora se dedica a la limpieza de la capital. Su trabajo va más allá, también barre las preocupaciones de los peatones que se topa durante su jornada.

¿Qué les dice a esas personas que caminan por San José y tal vez tienen un mal día?

Un día estaba un señor de Uber ahí por el lado de Escalante, triste, me decía ‘yo no he hecho nada, esto está muy duro’. Yo llegué y le dije ‘¿sabe qué? Tenga fe en Dios. Le voy a dar un consejo, cuando sale de su casa doble sus rodillas, ponga la mano en el carro y póngale el trabajo a Dios y Dios le pone las personas que se van a montar en el carro’. Una vez me lo topé y me dice ‘tenías toda la razón’. Así varias personas me he topado y he tenido que hablarles de Dios, del amor, de mi vida.

Si me topo una persona triste de camino, la medicina que yo le doy es esta: acuérdese de su Creador.

Este lector apasionado aprovecha muy bien sus ratos libres, pero también valora su trabajo y se siente muy orgulloso de él.

¿Cómo llegó a la Municipalidad de San José?

Yo soy campesino, me crie en el campo y estuve por el lado de las montañas del Volcán Irazú: ordeñando vacas, sembrando coliflor, remolacha, manejando una yunta de bueyes. Cuando empezó la escasez de trabajo allá, porque vino la tecnología y máquinas para los terrenos, yo me vine para San José. 

Trabajé en una fábrica de muebles, en un ciclo como nueve años, y luego mi abuelita me dijo que me buscara un trabajito en el Gobierno. Estuve buscando como hormiguita, llegué a la ‘Muni’ y aquí estoy.

¿Cree que la gente no valora su trabajo?

Uno en la calle encuentra personas que le dicen ‘¿usted no puede trabajar en otra cosa?’. Yo me quedo callado. Sea lo que sea es un trabajo, porque si una ciudad no se limpia, si no hay alguien que haga el trabajo, ¿quién lo va a hacer? No hay nada más feo que ir a un lugar que está sucio. Para mí es un orgullo hacer este trabajo.

Coger café, caña, limpiar pisos… No importa. En la calle me he encontrado universitarios y ¿qué me cuentan? ‘Yo deseara tener su trabajo’. ¿Qué les digo yo a ellos? Sea positivo, esfuércese, vaya, busque en Facebook. Yo trato de meterles lo positivo y les digo que todo trabajo es honra y es bueno. Cualquiera le va a dar el arrocito y los frijoles todos los días si lo hace con amor, con cariño y respeto.   

Cada vez que puede, don Hans recuerda a los transeúntes que tirar basura en la calle no está bien. “A nosotros nos cuesta hacer este trabajo”, reconoce. 

¿Cómo le ha ido en estos tiempos de pandemia?

Desde que llegó la pandemia yo he tratado de ser líder en la cuadrilla de El Carmen. Me gusta mucho hacer la oración, oramos para que ningún compañero se llene de eso. Lo hemos sobrellevado con todos los requisitos que nos manda la Municipalidad de San José (alcohol en gel, mascarilla, bañarnos varias veces), todos nos hemos cuidado. 

Tantos años de recorrer San José, también le dejan muchas anécdotas.

Cuéntenos algunas…

Recuerdo una vez que estaba yo ahí trabajando por el Morazán y había un indigente que estaba tocando unos vidrios. Yo le dije ‘vea caballero, yo voy a recoger eso’ y la persona me agredió. Me le quedé viendo a los ojos y solo le dije ‘Dios lo bendiga’.

Otra vez nos mandaron a trabajar ahí por el lado de Barrio Amón y en un despiste me robaron la pala. Estaba desesperado ‘¿ahora qué le digo al jefe?’. Era algo desesperante, pero es una de las experiencias.  

También recuerdo una vez, estaba por el lado del Registro nuevo, dejo el carretillo por una parada y un bus se echó para atrás y me lo aplastó. Otra vez, ¿qué le digo al jefe? El chofer se fue como si nada… Esas son cositas que a uno le han pasado. Me he caído, en la Avenida Central y casi atropello a un gringo. 

Esas historias las cuenta entre risas, lleno de positivismo, porque así es él: el hombre más alegre de San José.