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En el último año, varias familias costarricenses enfrentaron la pérdida de seres queridos en el exterior, luego de un contagio de COVID-19. Esto ocurrió en medio de un panorama incierto, desolado y en el que aún buscan la forma de traer sus cenizas y darles una despedida.

Ese es el caso de los familiares de Eduardo Vargas, de 50 años y quien vivía en New Jersey, y de Mario Alberto Cavallini, de 61 y quien residía en Nueva York. Ellos fueron dos víctimas nacionales cuando el nuevo coronavirus hincaba a Estados Unidos, una de las potencias mundiales.

Vargas, quien era chef y tenía más de 30 años de vivir en Norteamérica, casado, padre de dos hijos y cuatro nietos, falleció el 25 de mayo del año anterior en su casa de habitación, tras dos semanas de haber sido diagnosticado de COVID-19.

“Murió con la esposa, sus hijos y con mi otra hermana (Jennifer). Nunca se hospitalizó, cuando le dio el paro respiratorio se estaba cambiando para ir al médico”, cuenta Rebeca Vargas, hermana del fallecido y quien es oriunda de San Pablo de León Cortés, Zona de Los Santos.

Esta familia de cinco hermanos, tres de ellos en Estados Unidos y dos que acompañan a su mamá aquí en Costa Rica, vivió un luto muy complicado en el que todavía busca consuelo y cerrar capítulos.

 “Cuando mi hermano murió estaba muy reciente lo del COVID, era apenas en mayo. La pasamos prácticamente solos, prácticamente ni tías ni familiares pudieron estar con nosotros, el tema de las velas ni siquiera era discutible, no se podía, y a uno bien que mal le hace falta tener esa compañía, fue muy difícil no tener ese cariño, vivirlo así, solos”, comenta Vargas.

“Mis otros dos hermanos estaban en Estados Unidos con mis sobrinos, pero no pudieron venir porque estaban enfermos, ni tan siquiera se pudieron acompañar entre ellos, ya que cada uno estaba en su cuarentena. A mi hermana (Jennifer) le tocó vivir la muerte en un cuarto sola, fue muy complicado, tuvo mucha depresión porque le tocó muy feo estar encerrada”, explicó.

El martirio del COVID-19 no acabó allí, pues solo dos días después de la muerte de Eduardo, otro de los hermanos de nombre Diego, requirió hospitalización al complicarse su condición de salud.

“Mi mamá tiene 73 años y no le pudimos decir en ese momento que mi otro hermano estaba en el hospital porque era un golpe muy fuerte para ella, teníamos miedo de lo que a ella le pudiera pasar. Apenas estaba recibiendo la noticia de que Eduardo había fallecido para darle otra fuerte, ella tenía tres años de no verlo y siempre guardaba esa esperanza”, detalló.

La situación resultó ser tan extraña que luego de varias semanas de hospitalización y aislamiento, Diego pudo ver a Jennifer en Nueva Jersey para compartir el pésame, aunque fue a la distancia “uno desde la puerta de la casa y otro desde el carro por los cuidados que en este caso Diego requería”, comentó.

La familia Vargas espera en los próximos meses recibir parte de las cenizas, cosa que no ha sido posible debido a las dificultades que han tenido familiares de venir a Costa Rica y, sobre todo, cuidar la salud de la mamá en León Cortés, ya que cuenta con varios factores de riesgo.

“Algo que no nos ayuda a avanzar es el hecho de que no lo pudimos traer, duraron como dos semanas para entregar las cenizas y se tuvieron que compartir, ya que él tiene su esposa, hijos y nietos allá. Es algo que todos necesitamos que suceda, más mi mamá, entonces ha sido durísimo, uno está acostumbrado a hacer su vela, su funeral y eso no lo hemos podido tener”, concluyó.

Artista en Nueva York

Una situación similar vive la familia de Mario Alberto Cavallini, en el centro de Limón, luego de que este perdiera la batalla contra el COVID-19 el 4 de abril de 2020 en Nueva York.

Cavallini, soltero y quien trabajó como músico y pintor durante más de 40 años en la Gran Manzana, arrastraba desde hacía cinco años complicaciones de salud relacionadas al cáncer.

“El COVID-19 estaba en su apogeo en Nueva York y mi tío no supo cómo pudo contraer el virus. Estuvo más de dos semanas hospitalizado. El día que falleció hablé con él y estaba muy deprimido por haber escuchado que una enfermera del hospital dijo que sus opciones de vida eran muy pocas por sus complicaciones”, comenta el sobrino de la víctima, Alex Hines Cavallini, vecino de Limón.

Dos hermanas del fallecido, quienes viven en Miami, realizaron las gestiones necesarias para reclamar las cenizas.

“En este momento sus cenizas están en Miami, esperando el momento adecuado para traerlo a Costa Rica y esparcirlas aquí en una playa de Limón llamada Los Baños, ya que esa era su voluntad”, añadió Hines.

“Mi mamá, quien vive en Limón, era la más apegada a él y a la fecha lo llora, dentro de su tristeza lo escucha hablar, tiene sus últimos audios donde él le cantaba, era un artista bohemio. Ahorita que cumpla un año de la muerte no me lo quiero ni imaginar, vive un duelo durísimo, aparte de que no lo ha visto, tenemos videos de la cajita donde él se encuentra”, finalizó.