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Cuando la mayoría de costarricenses fueron llamados a quedarse en casa, a doña Rebeca y su esposo Gustavo les tocó hacer todo lo contrario.

Ahora se pasan los días buscando las frutas y verduras que ahora entregan a domicilio, en un nuevo trabajo que empezaron en tiempos del COVID-19.

A ellos la crisis los puso contra la espada y la pared, luego de ver cómo de la noche a a la mañana, su trabajo de más de 17 años dejó de generar ingresos para vivir. Se dedicaban a la confección y venta de piñatas, así como diferentes cursos para aprender a elaborarlas.

Todo el dinero invertido en materiales para piñatas fue a dar a la bodega y con esta decisión, llegó también el momento de reinvertarse.

Ahora el lugar donde antes habían piñatas está ocupado por canastas de frutas, verduras, agua y materiales para limpiar cada producto que entregan. Vía redes sociales y whatsapp anunciaron el nuevo negocio y la gente les respondió.

Lejos de lamentarse esta familia decidió elegir si la crisis los afectaba o lograban sobreponerse. En este proceso tan positivo también han aprendido valiosas lecciones.