El viernes abandonó la rueda de prensa diaria sin responder preguntas. El sábado dijo que hablar con medios "deshonestos" era una pérdida de tiempo. El lunes reapareció detrás del micrófono.

Seis meses antes de los comicios en los que buscará la reelección, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está enviando señales confusas sobre el posicionamiento que pretende adoptar en el manejo de la pandemia de coronavirus que ha matado a más de 56.000 personas en el país.

El lunes, el miniculebrón de sus apariciones frente a los corresponsales de la Casa Blanca mantuvo a Washington en vilo. El ejecutivo estadounidense anunció una rueda de prensa de su célula de crisis, de la cual el presidente sigue siendo la figura central. Luego la canceló. Luego anunció que Trump finalmente hablaría esta tarde.

Para su regreso, optó, desde los jardines de la Casa Blanca, por un tono bastante pacífico, alabando los "muy buenos intercambios" con los gobernadores y suavizando el tono al dialogar con los periodistas.

Estos cambios traducen tensiones dentro de su equipo sobre la mejor estrategia que adoptar en la lucha contra la COVID-19: poner al presidente en primera línea o dejar hablar al vicepresidente, Mike Pence, que tiene un tono más mesurado, y a los especialistas, los médicos Anthony Fauci y Deborah Birx, ambos muy populares.

Las idas y venidas también reflejan el temperamento de un presidente que ve la política como un espectáculo permanente y a quien no le gusta, como quedó en evidencia en sus estallidos de tuits durante un fin de semana sin la más mínima información, estar lejos del candelero.

Las confusas palabras del inquilino de la Casa Blanca sobre la posibilidad de inyectar desinfectante en el cuerpo humano para luchar contra el coronavirus han dejado huellas.

Sus comentarios generaron estupefacción en Estados Unidos y en todo el mundo. Y aunque Trump intentó minimizar lo ocurrido asegurando que los medios habían malinterpretado sus comentarios "sarcásticos", el daño ya estaba hecho.

"Muy trabajador"

Visiblemente molesto, el presidente de la principal potencia mundial ha dejado entrever un cambio radical en su modo de comunicación.

"¿De qué sirve asistir a conferencias de prensa en la Casa Blanca cuando los medios de comunicación deshonestos solo hacen preguntas hostiles y se niegan a decir la verdad o los hechos con precisión", dijo Trump este fin de semana.

"Están teniendo audiencias récords y los estadounidenses no reciben nada más que noticias falsas. ¡Pérdida de tiempo y energía!", tuiteó.

Durante las 48 horas siguientes, encerrado en la Casa Blanca y privado de reuniones de campaña, Trump multiplicó los ataques contra los medios.

"¡NOTICIAS FALSAS, EL ENEMIGO DE LA GENTE!", tuiteó, usando una fórmula que ya ha usado muchas veces desde que llegó al poder.

"Nunca ha habido en la historia de nuestro país medios tan malos y hostiles como los que tenemos hoy, incluso en medio de un estado de emergencia nacional para enfrentar al Enemigo Invisible!", escribió.

Y reaccionó con vehemencia ante un artículo del New York Times que afirmaba que el mandatario generalmente no aparecía en la Oficina Oval hasta el mediodía después de una larga mañana frente al televisor.

"Las personas que me conocen y que conocen la historia de nuestro país dicen que soy el presidente más trabajador de la historia", dijo en un tuit. "No sé si ese es el caso, pero soy muy trabajador y probablemente he hecho más en tres años y medio que cualquier otro presidente en la historia".