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Las bailarinas del famoso Moulin Rouge en París, acostumbradas a encadenar French Cancans dos veces por noche, seis de cada siete noches, se encuentran privadas de espectáculo.

Para preparar la salida del confinamiento, se entrenan en sus espacios reducidos, en la mítica colina de Montmartre.

"Trabajo en mi pequeño espacio de 30m2", explica Courtney Male, una australiana de 23 años, que baila para el famoso cabaret desde hace más de un año.

"Era mi sueño absoluto, desde que tenía diez años", explica la joven con el pelo sujetado en una larga cola de caballo, y que utiliza su chimenea como barra de baile.

Al igual que sus colegas, intenta, en la medida de lo posible, mantener los mismos horarios que de costumbre, la misma disciplina.

Pero no tiene acceso a su gimnasio ni a los espacios de ensayo del Moulin. "Hago todo lo posible", explica. "Por la mañana desayuno, tomo clases de francés, un poco de lectura y televisión. Por la tarde practico. Barra, yoga, pilates, construcción muscular. A veces sigo videos por Internet para enriquecer o variar mis rutinas".

Al final del día, ella sale por el barrio. "Si mi entrenamiento ha sido intensivo, me conformo con caminar un poco. Es saludable tomar aire. O voy a correr".

Mathilde Tutiaux, de 32 años -ocho que baila en el Moulin Rouge-, se estira sobre los muebles de su cocina "Tengo suerte de tener una cocina abierta en mi pequeña sala de estar, puedo poner una alfombra de gimnasia pero no tengo suficiente espacio para bailar".

Da cita a sus amigas a las 17 horas, casi todos los días, para sudar juntas, pero a distancia. Eso motiva.

"Normalmente como lo que quiero, ya que quemo muchas calorías. Ahora hay que tener cuidado. Los trajes son hechos a medida, no puedo permitirme subir tres o cuatro kilos. Cuando tienes tanto tiempo libre, es difícil no meter la nariz en la heladera", explica.



Antes de regresar al escenario habrá que practicar a fondo, multiplicar los ensayos para comprobar que "todo el mundo esté perfecto", explican las bailarinas.



Los 450 empleados del Moulin, entre ellos los 90 bailarines, están bajo el seguro de desempleo temporal desde el inicio del confinamiento, a mediados de marzo.