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Game of Thrones: “The bells” (Episodio 05)

Lamentablemente, si de algo carece hoy 'Game of Thrones' es de sentido y coherencia

Por Pablo Vargas para Teletica.com | [email protected]

"Es fácil hacer cosas que son impactantes o inesperadas, pero tienen que crecer desde los personajes. Tienen que crecer de las situaciones. De lo contrario, son solamente impactantes, por ser impactantes" (George R.R. Martin)

'Game of Thrones' ha danzado ambiguamente a lo largo de esta temporada entre la construcción de un clímax épico y poderosamente memorable en escenas cargadas de fuertes emociones, y el lamentable decrescendo de una historia que se sumerge en un mar de inconsistencias narrativas, cuya única constante es la decepción generalizada que ha dejado semana a semana entre sus fans y la agridulce sensación de una producción que lo tenía todo para consagrarse como una de las mejores series en la historia de la televisión, y amenaza con convertirse en su tramo final en una serie más del montón.

En 'The Bells', David Benioff y DB Weiss han puesto una vez más en manifiesto que 'Game of Thrones' cuenta con equipo de lujo a nivel audiovisual para retratar escenas de alto perfil y presupuesto, con una estrepitosa gama de efectos especiales que nos han erizado la piel en cada una de las tomas que nos regala Miguel Sapochnik, en un trabajo técnico verdaderamente impecable: grandes duelos, frases poderosas, muertes heroicas y escenas realmente emotivas.

Al mismo tiempo, ninguna de estas poderosas escenas tiene sentido o consistencia, ni siquiera dentro de su propio universo.

Ese es el gran pecado de esta última temporada de 'Game of Thrones', una profunda y clara incapacidad de mantener su propia consistencia narrativa y absurdo desconocimiento de las motivaciones de sus personajes para plasmar una historia que no sólo parece avanzar a brincos y a saltos, sino que atenta contra todo cuanto ha construido a lo largo de ocho años.

Lamentablemente, si de algo carece hoy 'Game of Thrones' es de sentido y coherencia. Desde que la serie pasó de ser un guión adaptado de 'Canción del hielo y el fuego' a una obra original, 'Game of Thrones' ha presentado episodio tras episodio profundas grietas en su propia consistencia.

Se nota en sus personajes y se evidencia también en la historia, cuyo peso filosófico ha sido absurdamente simplificado, dejando atrás los complejos dilemas morales y la ambigüedad de sus personajes en busca de una historia más simple, pero poderosa.

No fallamos en nuestro pronóstico: transformaciones completas a lo largo de ocho temporadas se precipitaron en cuatro episodios.

La guerra que se nos vendió como “más importante” se solucionó con un deus ex machina vergonzoso e insultante y todos los años de sufrimiento y valiosos aprendizajes, todo el camino recorrido por la khalessi para frenar sus peores impulsos, "romper la rueda" y responder con "justicia a la injusticia" sirvieron de nada cuando la victoria ya estaba en sus manos.

Cegada por la locura y la venganza, en un marco enorme de despropósitos y sin sentidos, cuando las campanas de la rendición habían sonado y King's Landing había depuestos las armas, Daenerys decidió quemar a miles de inocentes por puro despecho.

A partir de allí, todo carece de sentido y no vale la pena el esfuerzo y el desgaste. De la forma más burda, David Benioff y DB Weiss convirtieron en menos de ochenta minutos a la rompe cadenas en una criminal de guerra, que deja atrás sus ideales de proteger "mujeres y niños" para masacrarlos brutalmente con hierro y fuego.

Y a pesar de esa brutal y agónica carnicería, logran regalar una pizca de momentos realmente memorables: la muerte poética de Cersei y Jaime, ahogada en llanto, sin tener más salida y enterrada en los restos de su castillo. Su final es cruel y doloroso. Lo es también la muerte de Sandor, en una batalla legendaria que quedará grabada para siempre en la memoria o esa toma final de Arya, completamente rota y destruida por dentro.

Calificación: 6/10