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Después de muchos meses duros por la pandemia, se ha sentido como una bendición para los fanáticos de la música poder finalmente ver a sus artistas favoritos en vivo nuevamente y bailar juntos entre la multitud. Pero en Estados Unidos, lo que debería haber sido un evento despreocupado dio un giro mortal. Al menos ocho personas murieron el viernes (05.11.2021) en una avalancha humana durante un concierto del rapero Travis Scott en el Astroworld Festival, un festival de música que el artista lanzó en Houston, Texas. Se están llevando a cabo investigaciones sobre la causa precisa del incidente.

Alemania experimentó una gran tragedia en un festival de música en 2010. Ese año, 21 personas murieron y 652 resultaron heridas en el Love Parade, un festival de música electrónica en Duisburg, en el oeste del país. La causa fue el hacinamiento en un túnel de acceso: había demasiada gente empujando hacia el pequeño espacio. El reciente incidente en Texas ocurrió frente al escenario.

Una tragedia similar tuvo lugar en 2000 en un festival de música en Roskilde, Dinamarca, durante un concierto de Pearl Jam. A medida que más y más personas intentaban acercarse al escenario, toda la audiencia se vio obligada a moverse, empujando implacablemente a los que estaban al frente. Muchos aficionados terminaron siendo pisoteados. Nueve personas murieron y muchas más resultaron heridas.

Cambio en la cultura del festival

El impacto de la catástrofe danesa fue de gran alcance. En los años siguientes, el festival realizó importantes mejoras en sus medidas de seguridad, incluida la implementación de zonas de seguridad acordonadas, superficies pavimentadas y una capacitación más amplia para el personal de seguridad. Actualmente, las medidas de seguridad de Roskilde se consideran de las mejores del mundo y han sido adoptadas por muchos otros grandes eventos.

Ser arrastrado por la multitud en un festival o una sala de conciertos se consideraba normal en los conciertos de rock en la década de 1990. Hoy, sin embargo, esto es cosa del pasado gracias a la práctica de separar las áreas del público en diferentes zonas. Esto evita que la gente que está al frente sea empujada al escenario por la multitud detrás de ellos.

Nueva conciencia

Ernst-Ludwig Hartz es un organizador que desde la década de 1980 se ha encargado de grandes conciertos con hasta 65.000 asistentes. Hartz le dijo a DW que la seguridad ha sido una prioridad máxima desde el comienzo de su carrera y agregó que mucho antes de la tragedia en Roskilde tuvo que cumplir con estrictos requisitos de seguridad para obtener la autorización de sus eventos.

Roskilde provocó mucha discusión entre Hartz y sus colegas. "Pensamos si estábamos haciendo todo bien, qué podíamos hacer mejor", cuenta. Hartz también cree que la conciencia del público ha cambiado desde entonces y que los asistentes ahora se cuidan más unos a otros.

Mantener los riesgos lo más bajo posible

A raíz de la fatal aglomeración en Roskilde, los requisitos de seguridad en Alemania se hicieron más estrictos. Según Hartz, se están desarrollando nuevas medidas constantemente.

No existe una garantía de seguridad infalible cuando coinciden masas de personas en el mismo lugar. Pero los organizadores de hoy tienen muchas más herramientas a su disposición para mantener los riesgos relacionados con la multitud lo más bajo posible, con suerte sin destruir el ambiente del concierto o evitar que los asistentes disfruten de estar entre una multitud.

Qué causó exactamente el incidente fatal en Texas y si los organizadores tienen alguna responsablidad legal por negligencia solo se sabrá una vez que los investigadores concluyan su trabajo. Pero el 5 de noviembre de 2021 ya se ha convertido en un día trágico en la historia de los festivales de música.

Pearl Jam no actuó en festivales durante años después de la catástrofe de Roskilde. Hoy en día, la banda ha convertido en un ritual inmutable pedir a la audiencia en cada concierto que sea considerada y cautelosa.

(rr/lgc)