Última Hora

Dicen que la mejor herencia que puede recibir una persona es la educación. Con eso en mente la fundación Monge se propuso ayudar a que cientos de jóvenes ejemplares puedan construir un mejor futuro.

Antes de morir, el abuelo de María Fernanda le pidió un favor.

Que hiciera todo lo posible para entrar al Colegio Técnico de Calle Blancos y así pudiera forjar un mejor futuro para ella y su familia.

No solo ingresó sino que obtuvo una de las mejores notas en el examen de aptitud.

Actualmente cursa el quinto año académico y su segundo en la especialidad de diseño publicitario.

Sus notas nunca bajan de noventa y según los profesores los números son reflejo su actitud.

La excelencia no es un regalo. Es el fruto del esfuerzo que nace de una motivación.

Natalia la encuentra todos los días en su casa.

Su hermana María José de 14 años sufre una parálisis profunda que deteriora su salud rápidamente.

Esta familia de Tirrases también enfrenta dificultades económicas.

La mamá de Natalia no pudo estudiar, tiene problemas auditivos y de habla y debe cuidar a María José, por lo que le es muy difícil trabajar.

Viven gracias a la pensión de un abuelo, pero en ocasiones no es suficiente.

Cuando se tiene la voluntad de salir adelante no hay obstáculo insuperable y Natalia es uno de los mejores ejemplos.

Por ello la Fundación Monge le tuvo fe y la eligió para participar en su programa de becas.

Se trata de un proyecto que inició en el 2006 y del cual hasta la fecha se han beneficiado. De jóvenes.

Tras un estudio detallado la fundación elige jóvenes de escasos recursos o en riesgo social que estén cursando secundaria con notas superiores a 80.

A ellos se les brinda una beca mensual de 50 mil colones para transporte y alimentación.

El inglés, la secundaria y una carrera técnica son el pase de muchos jóvenes a un futuro prometedor.

En el caso de Jordan, gracias a la beca sacó un técnico en programación y ahora hace práctica en Grupo Monge donde espera ganarse un puesto.

Su próxima meta es un título universitario.

Gracias a la Fundación Monge jóvenes de 16 y 17 años ya empezaron a hacer sus sueños realidad.