Última Hora

Muchos consideran que el buen ritmo se trae, y eso podría explicar el sabor de un bebé en Portugal.

Este pequeñito se acercó a observar a un músico callejero en un parque en Lisboa. Pero sin proponérselo, se robó el show.

Mientras el artista cambiaba de ritmo, el bebé variaba sus movimientos.

Al final, el centro del acto resultó ser el niño, todo un bailarín que demuestra que el sabor no depende de tamaño ni edad.