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Un egipcio le muestra al mundo que pasar la bola no es tan malo, en especial si se quiere romper barreras. Junto al ping pong se encarga de extender su enseñanza.

Este hombre perdió ambos brazos en un accidente de tren cuando tenía diez años. Pero su filosofía de vida es "nada es imposible".

Así ha logrado no sólo llevar a cabo una vida independiente, sino que se ha convertido en una estrella deportiva de talla mundial.

Tres años después de su accidente empezó a practicar tenis de mesa y es actualmente un referente de este deporte a nivel mundial.

"Mi filosofía de vida es que nada es imposible. Juego al ping pong con mi boca y no siento que no tengo brazos, hasta que no me miro en el espejo llevando algo de manga corta", dice este campeón de la vida.