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Este jueves 16 de octubre se cumplen 18 años de uno de los capítulos más tristes en el fútbol Centroamericano. 83 aficionados guatemaltecos murieron aplastados en el estadio Mateo Flores, en una de las diez mayores catástrofes en la historia del fútbol mundial.

“Me acuerdo muy bien, faltaba 25 minutos para que fueran las 8 de la noche y se escuchó un ruido extraño. Me acuerdo muy bien de las declaraciones de Juan Diego que me dijo: Galvez algo pasó”, indicó Willy Galvez, que en aquel momento era el médico de la Tricolor.

A eso de las siete de la noche cientos de aficionados que deseaban ingresar al escenario para observar el Guatemala- Costa Rica, sin embargo el Mateo Flores ya estaba repleto, y es ahí cuando se combinaron una serie de factores para que se presentara aquella masacre humana.

“No hubo forma, por increíble que pareciera, que alguien abriera la malla con algún instrumento, de que la botaran, nadie encontró la llave del candado para abrir la puerta de emergencia que había ahí”, recuerda el narrador, Kristian Mora.

Mientras tanto los jugadores de la selección calentaban en el campo, sin percatase que a pocos metros de distancia morían aplastados los aficionados guatemaltecos que no encontraban salida a aquella trampa.

“Lo más duro era ver lo que estaba pasando y no poder hacer nada”, añadió el exfutbolista Rolando Fonseca.

Ya en ese momento se dejó de pensar en aquel encuentro eliminatorio entre chapines y ticos rumbo a Francia 98. Los seleccionados regresaron al camerino  pero el sentimiento humano se impuso aquella vez.

La impotencia se apoderó de los ticos, el médico de la selección nacional Willy Galvez recuerda su lo que sintió al no poder salvar más vidas.

Además, periodistas nacionales que se alistaban para darle cobertura a ese partido recuerdan aquellas imágenes desgarradoras. “Había gente detrás de la maya que le decía a uno que preguntara por tal persona, eran familiares que se les habían perdido”, agregó Mora.

Ochenta y tres fueron las victimas mortales aquella noche, historia que 18 años aun parten el alma de quienes lo vivieron en vivo.

A partir de este momento ir al estadio cambia para siempre en nuestra región, los estadios en centroamericanos, incluso en Costa Rica recibían más aficionados de su capacidad.

Rolando Fonseca, quien jugó en Guatemala durante muchos años, considera que en nuestra región poco se aprendió de esta tragedia e incluso recuerdan que la afición de Guatemala quería que se jugará el partido, por increíble que parezca.

18 años han pasado pero este recuerdo nunca se borrará de quienes estuvieron aquella noche en el mateo flores, la noche en que la muerte le ganó al fútbol