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Ambientalistas aseguran que hidroeléctricas están acabando con ríos y bosques

Durante más de un siglo, el país ha apostado por el recurso hidroeléctrico como fuente principal de energía.

Manuel Delgado Hace 6/6/2014 7:16:00 AM

Telenoticias visitó el río Balsa, situado en San Carlos, provincia de Alajuela. Ahí, un video de hace unos meses, muestra uno de los torrentes más llenos de vida, capaz incluso de producir inundaciones.

Imágenes de diciembre pasado muestran el río con todo su caudal. Un turista, Ralf Scott, pagó en Estados Unidos para venir a hacer rafting en el río. Cuando se le dijo que el río iba a cambiar, manifestó su preocupación.

Ahora, el río luce diferente, después de la construcción reciente de la hidroeléctrica propiedad de Fuerza y Luz. Pero cuidado, en ese momento se está produciendo electricidad, es decir, se está liberando agua.

Después de la hora pico, la llave se cierra, y el río luce casi seco. Las imágenes corresponden a la semana pasada.

Durante más de un siglo, el país ha apostado por el recurso hidroeléctrico como fuente principal de energía, primero porque el agua es abundante, segundo, porque se creía que este tipo de energía no producía daños ambientales. El problema se complica cuando el país decide abrir la producción eléctrica a la empresa privada.

Pero para muchos, las cosas no son así. Un río limpio y caudaloso es cortado artificialmente. El 90 por ciento de sus aguas se desvían hacia un embalse. De ese embalse el agua sale por un tubería que lo traslada varios kilómetros abajo. Esa tubería controla su fuerza, una energía cinética que llega a cuarto de máquinas.

Ahí, la turbina convierte el movimiento en electricidad, y en la mayoría de los casos el agua vuelve al río.

Lo que sucede es que durante un puñado de kilómetros que varía según cada proyecto, el río se queda sin agua, o para ser más exacto, se queda solo con el 10 por ciento de su caudal.

Otro ejemplo es el embalse de una hidroeléctrica de la zona, la del río San Lorenzo. Ahí se embalsó el agua y se dejó el llamado caudal ecológico, equivalente a un 10% del caudal. Abajo se ven las consecuencias. El río permanece casi seco.

El resto del agua es llevado por un canal hasta las lagunas de embalse, para luego ser trasladada a casa de máquinas.

Es la misma historia del río La Esperanza. Se trata de un proyecto privado pero fue adquirido recientemente por Coopelesca, la cooperativa de electrificación de la zona norte.

La empresa toma el agua del río, la deposita en dos lagunas de embalse y luego la lleva hasta el cuarto de máquinas.

Como consecuencia, la estructura del río ha cambiado por completo.

Un mapa muestra la cuenca del río San Carlos y los puntos donde el cauce se interrumpe para llevarlo a las hidroeléctricas.

En algunos casos, hay más de un embalse por río, lo que hace presumir que la vida natural se ha fraccionado y trasformado por completo.

Es una opinión casi unánime que el ecosistema de las cuencas de los ríos San Carlos y Sarapiquí, y por tanto el San Juan, han sido alterados por completo.

Pero a la zona norte todavía le esperan más proyectos. Además, los desarrolladores, públicos y privados, vuelven sus ojos a otras regiones ricas en agua, en particular el Caribe y la zona sur.