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La tradición del Chinchiví en Alajuelita, lejos de debilitarse, más bien se está fortaleciendo. Por ejemplo, Blanca Rosa Bustamante ya tiene más de 50 años de estarlo haciendo.

Nos contó como inició un negocio, y mantuvo a su familia a punta del Chinchiví.

Lo que bien se aprende jamás se olvida, y no importa cuando trate de copiarse, el toque especial lo da la buena mano y los años de experiencia.

La receta inicial le costó un platal en ese entonces, pero de ahí, logró sacarle provecho a cada vaso de Chinchiví vendido.

Ella junto a su esposo, don Efraín Chacón, ya fallecido, recorrían el pueblo a caballo o como se pudiera, bajaban frente a la iglesia con los botellones y regresaban por más cuando se acababa.

Según Doña Blanca esta tradición no morirá nunca, pues en cada rincón de la zona hay una familia que puede encontrar en esto una manera de iniciar y ver crecer un negocio.