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La iglesia toca las urnas electorales y otra vez toma las calles para imponer un criterio: No a los matrimonios de personas del mismo sexo, ni a la fertilización in vitro, ni el aborto, aun cuando este sea terapéutico.

Los efectos de la presión de la iglesia parece que no están dando los resultados esperados.

De los cinco candidatos que marchan al frente de las encuestas, dos han dicho que están con el matrimonio entre personas del mismo sexo, aunque matizan diciendo que por ahora apoyan el proyecto de sociedades de convivencia que se encuentra en la Asamblea Legislativa.

También el candidato del PAC, Luis Guillermo Solís, se manifestó a favor del matrimonio igualitario, pero añade que discutir el tema podría retrasar la aprobación de ese proyecto.

Más radical es el candidato libertario, Otto Guevara. Para él, la negación del matrimonio homosexual viola el principio de igualdad consagrado en el artículo 33 de la Constitución Política.

Solo dos de los cinco candidatos dijeron no estar de acuerdo con el matrimonio igualitario. Uno de ellos es Johnny Araya, que sin embargo dijo que el proyecto que se halla en la Asamblea debería ser aprobado antes de las elecciones.

De la misma forma se manifestó el candidato socialcristiano, Rodolfo Piza, que llamó a darle a las parejas del mismo sexo todos los derechos, excepto el llamar con la palabra matrimonio a su relación.

La lucha por el matrimonio entre personas del mismo sexo empieza a dar resultados en todo el mundo. Es legal en casi toda Europa, algunos estados de Estados Unidos y cinco países latinoamericanos.

En Costa Rica hay un proyecto en el Plenario Legislativo que no aprueba el matrimonio, pero que sí brinda a estas parejas derechos patrimoniales, de herencia, garantías sociales como bono de la vivienda y seguro social, derecho a la pensión y otros.

Un paso adelante, pero aún insuficiente, afirman expertos y activistas de este movimiento.

La marcha del pasado fin de semana ponía en el centro un concepto: la familia tradicional, la unida en matrimonio religioso y compuesta por mamá, papá y los niños.

Pero, ¿qué tan real es esta familia tradicional? Veamos los datos: En el año 2011 nacieron 73.459 niños y niñas. De ellos, 23.309 nacieron de madres casadas, el 31,7%. 18.959, un 25,8%, nacieron de madres solteras, presumiblemente solas.

Y 29.651 lo hicieron de madres en unión libre, un 40,4 por ciento, lo que demuestra que esta forma de unión es la más común en el país. Ello quiere decir que dos de cada tres niños nacen en familias no tradicionales.

Las familias tradicionales son menos de la mitad. Según el Censo del año 2011, ellas son solo el 42%, un 20% son hogares donde solo existe la figura del padre o de la madre; 11% son hogares de una sola persona.

Pero la caída del matrimonio religioso es aún mayor. En el 2011 se realizaron en el país 25.013 matrimonios, y de ellos fueron por la iglesia únicamente 7.154, el 28,6%. Al mismo tiempo se realizaron 17.859 matrimonios civiles, el 71,3 %.

Pero aún más, otro asunto curioso y es que ninguno de los cinco candidatos que las encuestas ponen arriba tienen un matrimonio tradicional. Johnny Araya se acaba de casar por quinta vez, por supuesto por la vía civil.

El candidato socialcristiano está divorciado y vuelto a casar, esta vez por lo civil. Otto Guevara no se ha vuelto a casar, pero está divorciado una vez. Mientras tanto, Luis Guillermo Solís y José María Villalta mantienen relaciones en unión libre. Cada uno de ellos tiene con su pareja un hijo o hija.

Así que, por donde quiere que se mire, la iglesia se quedará con ganas de darle la comunión al próximo presidente de la República, sea quien sea el que resulte electo.