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Unos 11 años atrás, Íngrid alternaba el oficio, con disfrutar el programa de Buen Día, y una información que vio le llamó poderosamente la atención.

Se trataba de una escuela de globoflexia y de payasos. El nombre de esa academia se le quedó grabado en la mente.

Pero fue hasta un año después, cuando decidió buscar más información. Comenzó una nueva etapa en su vida.

Después de prepararse, comenzó a trabajar como payasita, a vivir nuevas experiencias.

Ya lleva 10 años como payasita, y se siente plena, con lo que ha ganado, ha podido hacerle arreglos a su casa.