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En el último año de Laura Chinchilla, oposición pide un diálogo político y social, pero gobierno no se da por enterado.

Recobrar el diálogo roto, la credibilidad y la gobernabilidad es considerado por muchos como la más importante tarea que le queda pendiente a este gobierno.

Los diálogos rotos son muchos, pero llegaron a su culminación cuando la Asamblea Legislativa negó su relección al magistrado Fernando Cruz, un jurista que se había opuesto al convenio con Crucitas y a la relección presidencial.

Algunos van más allá, y creen que este año se deberían sentar las bases para una restructuración de las instituciones, que consideran de gran urgencia.

Pero es allí donde el diálogo encuentra su mayor escollo, por el choque de un buen grupo de diputados y la Casa Presidencial.

Pero ni la Casa Presidencial  ni el mismo ministro aludido parecen darse cuenta.

Telenoticias preguntó al ministro de la presidencia por proyectos concretos en torno a los cuales iniciar un diálogo. Pero él no pudo señalar ninguno.

Dijo que había que esperar a la junta de notables, nombrada en mayo por el gobierno, diera sus recomendaciones. Esa junta debería haber dado sus recomendaciones en seis meses, que ya se cumplieron. Sus miembros afirman que darán su informe en los próximos días.

El ministro señaló tres proyectos posibles, que reformarían la Sala IV y la Asamblea Legislativa, pero no al mismo gobierno.

Pero el diálogo no es solo de carácter político. Debe ser también social.

El año pasado la protesta social alcanzó límites altos: hubo un promedio de dos protestas callejeras por día. Algunas de esas protestas alcanzaron gran violencia, pero el gobierno, según esta diputada, no responde con espíritu de diálogo.

Buscar un consenso con el movimiento social pareciera ser algo que está en discurso, pero no en  la agenda del gobierno.

Telenoticias preguntó los puntos en torno a los cuales establecer el diálogo social. El ministro no supo concretar ninguno.

Aun así, los analistas afirman que Laura Chinchilla podría dar un golpe de timón, y enrumbar por otra vía su gobierno.

Pero la presidenta necesitará la sabiduría que no ha mostrado, apoyo social del que carece, los colaboradores que no tiene y dinero del que carece para enrumbar al país.

Por todo ello, todo parece indicar que en el último año su gobierno seguirá siendo tan bueno o tan malo como los tres primeros años.