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Cuando una persona nace con una discapacidad, comienza a enfrentar al muy poco tiempo todos los obstáculos sociales que hay.

Nada, o muy poco, se adecua a sus necesidades, y esos obstáculos detienen a muchos.

Pero hay otros que nacen o desarrollan una fuerza espiritual capaz de todo, y al final logran cumplir todas sus metas.
Esas son historias que merecen contarse, como la que le traemos a continuación.

Desde que nació Gabriela estuvo condenada a perder la visión, padece retinosis pigmentaria…

Pero la discapacidad pronto pasa a ser una condición de vida.
Lo más difícil viene después.

Sin embargo en su hogar no había espacio para lamentos, doña Ruth, su madre, prefirió otro camino, el de la lucha y el trabajo constante.

Con esa mentalidad se desarrolló Gabriela. El camino estuvo lleno de piedras, de esas que al ser humano promedio, pueden destrozarle la vida.

A los 11 años comenzó a sentir fuertes dolores en brazos y piernas, al punto de prácticamente no poder caminar… mucho menos jugar.

Le diagnosticaron artritis juvenil. Nada quebró el espíritu de estas dos luchadoras y la artritis se superó.

Gaby trazó nuevas metas, quería seguir con sus estudios universitarios… y un día, sin pedir permiso, se matriculó en enseñanza especial.