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Era toda una apuesta, como siempre ocurre con Mario Balotelli, pero ya es una apuesta perdida: Brescia, la ciudad en la que creció, no ha sido el lugar en el que el controvertido atacante ha dado nuevo impulso a su carrera y la historia está terminando muy mal.

El final de la unión entre Balotelli (30 años) y el Brescia está simbolizado en un corto vídeo que circuló a toda velocidad por internet el pasado 9 de junio.

Allí se ve al atacante presentándose ante la verja de entrada del centro de entrenamiento, con una mascarilla. Un empleado del club lombardo le impide el paso al interior.

Balotelli habla unos instantes por teléfono, un coche cruza la valla, la puerta se cierra de nuevo y el exinternacional italiano se va del lugar.

¿No le dejan entrenar? Desde hace semanas, club y jugador se envían la pelota, como si esto fuera un partido de tenis.

El exjugador de Inter de Milán, Manchester City o Marsella, entre otros, aseguró que ha tenido una gastroenteritis y después dolores en la espalda.

El club, por su parte, mira hacia otra parte. A principios de junio se envió un correo de despido, el procedimiento sigue en curso y mientras el Brescia está intentando apurar sus escasas opciones de permanencia en la Serie A, donde es 19º a ocho puntos de la zona de salvación.

Para ese objetivo, confía en ataque en los menos mediáticos Alfredo Donnarumma, Ernesto Torregrossa y Florian Ayé.

El miércoles, en el estadio Giuseppe Meazza ante el Inter, donde Balotelli debutó profesionalmente, el jugador no estará.

"El grupo ha tomado una ruta y él otra (...) Aunque él dice que se siente bien, no está al nivel de sus compañeros de equipo", había explicado a mediados de junio el uruguayo Diego López, el entrenador del Brescia.

Han sido tres los técnicos que han pasado por el banquillo del club este curso y el segundo, el que fuera campeón mundial en 2006 Fabio Grosso, ya decidió dejar de lado a Balotelli, que estuvo un tiempo apartado del grupo por falta de motivación en el entrenamiento.

Talento desperdiciado

Tras perderse los primeros partidos de la temporada por una larga suspensión que arrastraba, Balotelli ha jugado 19 partidos con el Brescia, con un balance de cinco goles.

El balance es más bien pobre, sobre todo por las expectativas generadas cuando se anunció su regreso al Brescia, donde creció con su familia adoptiva.

"Mi madre lloró cuando supo que volvía a Brescia, estaba muy feliz con esta decisión. Y mi padre (fallecido en 2015) soñaba con verme jugar en casa", contó entonces 'Balo', en su conferencia de prensa de presentación el pasado mes de agosto.

El objetivo colectivo era la permanencia en la primera división del 'Calcio' y el reto individual, poder brillar para volver de manera estable a la selección italiana de Roberto Mancini, una figura cercana desde siempre a Balotelli.

Pero incluso para Mancini lo que impera es la decepción.

"¿Una apuesta perdida? No lo sé. Me gusta mucho Mario, desde que era un muchacho y hacía cosas extraordinarias. Lo he dicho mil veces, que está desperdiciando un enorme talento", lamentó el seleccionador de la Azzurra.

La temporada está marcada también para Balotelli por los gritos racistas que sufrió en Verona, un momento especialmente desagradable para él.

Más allá de esos ataques, el nivel deportivo no se ha aproximado este curso al que un día le hizo ganarse el apodo de 'Super Mario'.