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Han pasado 50 años, pero Roberto Rivellino, uno de los mejores volantes de la historia y pieza clave de la Seleçao que conquistó el Mundial de México-70, se sigue deshaciendo en elogios con el "maravilloso" gol de Carlos Alberto, una joya de juego en equipo que le dio la estocada a Italia en la final (4-1).

Esa selección, liderada por Pelé y que para muchos es la mejor de todos los tiempos, "merecía terminar de esa forma, haciendo un gol maravilloso con la participación de casi todo el equipo", explica Rivellino, de 74 años, en un breve video enviado a la AFP desde su casa en Vinhedo, en el interior del estado de Sao Paulo.

Faltaban cinco minutos para que Brasil se hiciera con su tercer mundial (de los cinco que tiene hoy). Italia estaba aturdida por el fútbol-espectáculo de la canarinha, que estaba 3-1 arriba con el cabezazo en suspensión de Pelé, el disparo de Gerson y el gol de habilidad de Jairzinho (los italianos habían descontado por medio de Boninsegna).

Carnaval en tierra azteca.

El balón arrancó en la defensa y avanzó entre hábiles pases, entre ellos uno de Rivellino por la izquierda. Hasta que le llegó a Pelé en el borde del área grande y lo cedió a su derecha: Carlos Alberto, que venía con carrera, perforó con el empeine el arco de Albertosi. 

"Dios fue generoso con esa selección, nos premió con el último gol de Carlos Alberto, nuestro capitán, porque 8 o 9 jugadores de Brasil tocaron el balón, mostró lo colectiva que era esa selección", agrega el exastro, ya sin su ondulada cabellera y con un bigote menos tupido que el que lucía en su juventud, cuando deslumbraba con sus regates eléctricos y su zurda de oro.

Rivellino, una de las fuentes de inspiración de Diego Maradona, solía jugar de volante o de extremo, y tenía un remate tan potente que terminó recibiendo el apodo de "Patada atómica". Entre 1965 y su retiro en 1981, vistió los colores del Corinthians, el Fluminense y el saudita Al-Hilal, pero alcanzó fama mundial en la Seleçao, donde debutó con 19 años y sumó 92 partidos y 26 goles.

El de 1970 fue, sin lugar a dudas, el mejor de los tres mundiales que disputó, "por el ambiente de concentración, por los partidos en sí, por la conquista (del título)".

"La Copa del 70 fue especial, fue una selección que hasta hoy es considerada como la mejor de todos los tiempos. Tuvimos momentos maravillosos en México. El pueblo mexicano abrazó tanto a esa selección, que cuando jugamos en Guadalajara la semifinal (victoria 3-1 contra Uruguay), en la avenida que llegaba al estadio Jalisco los hinchas paraban nuestro autobús, vibrando con nosotros", relata el hoy dueño de una escuela de fútbol con su nombre y comentarista televisivo.