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"No se tomó conciencia. Todo lo contrario", dice la investigadora Meredith Clark sobre las protestas contra el racismo, tanto en las calles de Estados Unidos como en las redes sociales, tras la muerte de George Floyd asfixiado por un policía blanco.

Gracias a las plataformas "las personas se sienten incómodas. Ven el racismo en la cara, se reconocen a sí mismas y reconocen a las víctimas. Están afectadas. Pero su comprensión sigue siendo superficial", dice Clark, experta en medios de la universidad de Virginia.

A pesar de las acciones del movimiento "Black Lives Matter", los intelectuales afroestadounidenses apuntan a los límites de las redes sociales.

Dudan, por ejemplo, que la difusión de videos sobre la brutalidad policial haga evolucionar a la opinión pública más allá de generar reacciones viscerales.

"Es bueno que podamos presenciar y acumular evidencias, pero si todo queda solo en el shock del momento, no hay tiempo para reflexionar", observa Kyra Gaunt, profesora de la universidad de Albany.

Michael Brown en Ferguson en 2014, Freddie Gray en Baltimore en 2015, Keith Lamont Scott en Charlotte en 2016... La historia de ciudadanos negros muertos en un contexto policial se repite. Y la cólera genera disturbios.

"Queremos compartir videos una y otra vez porque es muy brutal y al mismo tiempo no queremos hacerlo porque es muy brutalizador, traumatizante, desencadenante, y eso se torna normal" reflexiona Gaunt.

"Te veo"

Gaunt, una etnomusicóloga, recuerda que antes las redes sociales inspiraban un sentimiento de libertad.

"Para quienes nunca habíamos tenido audiencia (...) muchos académicos, estudiantes y activistas negros encontramos en Twitter una vía para tener voz sin tener que censurar nuestras palabras como cuando estamos cara a cara y eres la única persona negra en la sala", dice.

Gaunt integra el llamado "Black Twitter", una comunidad informal nacida a finales de la década de 2000. "El hashtag era un 'Yo te veo'", evoca

"Yo reconocía ahí mi humanidad. Reconocía la marginalizada experiencia expresada en nuestro tuit", dijo.

Diez años después, deplora la desinformación que "ahoga la verdad".

Otros no se conforman con las plataformas porque ellas no rompen las barreras raciales y sociales sino que las reproducen

"El principal defecto de plataformas como Facebook es que quedamos dentro de nuestra cámara de eco", advierte la periodista y escritora Joshunda Sanders.

"Si en la vida real no socializas con gente negra o socializas pero es improbable que te cuenten sus experiencias racistas o las microagresiones que sufren habitualmente, entonces no conoces a lo que están expuestas", dijo.

Al fin de cuentas "la mayoría de blancos poderosos que conozco no pasan el tiempo en línea. Hacen tratos en campos de golf, almuerzos o por teléfono", apuntó.

Negro, militante

Pero no hay alternativas y la militancia en las redes sociales tiende a imponerse de hecho.

"Estamos una posición de constante lucha y conflicto para ser vistos como humanos, para ser comprendidos como cualquiera pero, al mismo tiempo, debemos continuar con nuestras vidas" explica Meredith Clark, citando la "doble conciencia" del que hablaba el sociólogo estadounidense y activista de los derechos civiles William Edward Burghardt Du Bois.

Según Burghardt (1868-1963), los afroestadounidenses viven con la percepción que los "no negros" tienen de ellos, además de su propia percepción de sí mismos.

"Vivir y ser quien soy y en este cuerpo, es una forma de activismo", reflexiona Redbone, una artista del género burlesco.

Instalada en San Francisco pero originaria de Minneapolis, vaciló ante las manifestaciones por la muerte de George Floyd.

"Me preguntaba qué hacer", recuerda y señala que desde la redes sociales una amiga incitó a reaccionar. Recuerda que estaba centrada en sus cosas "y no prestaba atención al elefante que tenia ante sus ojos".

Como muchos artistas negros, busca recaudar dinero a través de Instagram y movilizar a su comunidad a emprender acciones como enviar cartas a autoridades, lanzar peticiones o divulgar contenidos educativos.

"Ya soy activista en tanto que productora, negra y gay, haciendo lo que me apasiona. Pero no es suficiente", reconoce.