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Turquía confirmó este domingo que lanzó una ofensiva militar de envergadura en Siria contra el régimen de Bashar al Asad, dos de cuyos aviones fueron derribados, mientras seguía presionando a Europa dejando pasar a miles de migrantes hacia Grecia.

Tras semanas de escalada en la región de Idlib, en el noroeste de Siria, Ankara anunció que llevaría a cabo la operación "Escudo de Primavera" contra el régimen de Damasco, que en los últimos días registró importantes bajas por bombardeos turcos.

Los combates se intensificaron y dos aviones del régimen y un dron turco fueron derribados este domingo en Idlib, informaron Ankara y la oenegé Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH).

Entretanto, con el fin de obtener el apoyo de los occidentales, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, abrió las puertas de Europa para que pasen los migrantes, quienes seguían afluyendo por millares hacia la frontera con Grecia.

Con todo, el ministro de Defensa turcol, Halusi Akar, subrayó que Ankara no está buscando ningún enfrentamiento con Moscú, poderoso aliado del régimen sirio, a quien le brinda apoyo militar.

El objetivo de la ofensiva turca, declaró, es "poner fin a las masacres del régimen e impedir una ola migratoria".

Turquía ha llevado a cabo, desde el sábado, múltiples ataques con drones contra posiciones del régimen, pero es la primera vez que Ankara anuncia que estos se enmarcan en una ofensiva más general.

Tensión entre Rusia y Turquía 

La operación empezó el jueves, después de que 33 militares turcos fueran abatidos en bombardeos aéreos atribuidos al régimen, las pérdidas más importantes que ha registrado Ankara desde 2016, cuando empezó a intervenir en Siria.


El viernes y el sábado, unos 90 militares sirios y combatientes de grupos aliados de Damasco perdieron la vida en bombardeos perpetrados por Ankara, según el OSDH.

El domingo, el ejército sirio advirtió que abatiría a cualquier avión "enemigo" en la región de Idlib.

Con el apoyo de la fuerza aérea rusa, el régimen sirio lleva a cabo desde diciembre una ofensiva para reconquistar la región de Idlib, último bastión rebelde y yihadista en Siria.

La ofensiva tensó las relaciones entre Ankara y Moscú, que habían cooperado en el dosier sirio en los últimos años pese a apoyar a bandos opuestos en el conflicto.

El sábado, el presidente turco instó a su homólogo ruso, Vladimir Putin, a "apartarse del camino" de Turquía en Siria, y aseguró que Damasco "pagará el precio" de sus ataques.

Según la prensa turca, ambos mandatarios se reunirán en Moscú el jueves para tratar sobre Idlib, aunque el encuentro no fue confirmado oficialmente.

Por otro lado, el redactor jefe y tres colaboradores de la agencia rusa Sputnik en Turquía fueron arrestados por las autoridades turcas, lo que llevó a Moscú a pedir que Ankara "intervenga y garantice la seguridad de los periodistas".

Desde que empezó la ofensiva del régimen en Idlib, casi un millón de personas fueron desplazadas desde esta región, fronteriza con Turquía, un país que acoge a 3,6 millones de sirios en su territorio.

El sábado, Ankara --temerosa de una nueva ola migratoria-- anunció que había abierto su frontera con los países europeos para dejar pasar a los migrantes que deseen llegar a Europa.

Así, varios miles de personas continuaban llegando este domingo al punto de paso de Pazarkule (Kasanties en el lado griego), constató la AFP. Según Naciones Unidas, unas 13.000 personas se encontrarían a lo largo de la frontera entre Turquía y Grecia.

Otros migrantes optaron por llegar a las islas griegas por mar, en lanchas neumáticas, que arribaron a las costas de las islas de Lesbos y Samos en los últimos días.

Desde que estalló en 2011, el conflicto en Siria ha causado más de 380.000 muertos y millones de desplazados.