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Entre Thomas Tuchel y el Borussia Dortmund las relaciones nunca han sido fáciles. Sin embargo, en abril de 2017 se convirtieron en una pesadilla, luego del atentado contra el bus del equipo en el que se encontraba el actual entrenador del París Saint-Germain, que se mide el martes al club al que dirigió durante dos temporadas.

"No jugamos contra Thomas Tuchel, sino contra el París SG", declaró el director deportivo del Borussia Dortmund, Michael Zorc, al día siguiente del sorteo de los octavos de final del máximo torneo europeo. "Hace su trabajo en París y será por supuesto recibido amigablemente cuando vuelva a Dortmund", apuntó.

El técnico parisino también echa balones fuera: "Decidí no entrar en esta historia, sino preparar bien al equipo. El equipo no tiene nada que ver con eso", dijo en una entrevista publicada este domingo en la prensa alemana.

Se impone la cortesía, pero la historia de una unión fracasada permanece.

Todo había comenzado bien, cuando el joven entrenador tomó las riendas del equipo en 2015 tras la difícil sucesión de Jürgen Klopp, un ídolo absoluto en el Signal Iduna Park.

Después de once victorias consecutivas en sus once primeros partidos oficiales, Tuchel llevó al Borussia Dortmund al segundo lugar en la Bundesliga, solo superado por el Bayern de Múnich, y lo hizo con un fútbol ofensivo conforme al ADN del equipo amarillo.

Tuchel había dicho que de cara a la siguiente temporada quería continuar construyendo los pilares de su Borussia Dortmund y que para ello necesitaba a Mats Hummels, Ilkar Gündogan y Henrik Mkhitaryan. En mayo, el patrón del club, Hans-Joachim Watzke, le apoyó: "Está totalmente descartado que los tres dejen Dortmund al final de la temporada".

Tres meses más tarde, Hummels pasaba al Bayern, Gündogan al Manchester City y Mkhitaryan al Manchester United.

Gran enfado.

La temporada siguiente estuvo marcada por varios incidentes.

Cuando Pierre-Emerick Aubameyang fue suspendido un partido por el club por indisciplina, el entrenador le dio un gran abrazo a su regreso al terreno de juego. Y cuando el Borussia fichó a la joven promesa sueca Alexander Isak, Tuchel aseguró que los directivos no le habían consultado.

El ambiente no era el mejor el día de la ida de los cuartos de final de la Liga de Campeones contra el Mónaco, el 11 de abril de 2017, pero el club estaba todavía en liza en todas las competiciones.

Esa tarde, en el camino hacia el estadio, el autocar del Borussia Dortmund sufrió un atentado con un explosivo. El defensa español Marc Bartra quedó herido en una muñeca, mientras sus compañeros y el cuerpo técnico no salían del 'shock' tras el pánico vivido a bordo del vehículo.

Con Bartra en el hospital y cuando todavía no se conocía la identidad y la motivación del agresor o los agresores, los dirigentes de los dos clubes, de acuerdo con la UEFA, aceptaron reprogramar el partido para el día siguiente. Sin consultar a Tuchel.

No fue hasta un tiempo después cuando se supo que el autor del atentado esperaba enriquecerse, después de haber especulado con acciones del club.

"El Dortmund implosionó"

El Borussia Dortmund jugó ese duelo ante el Mónaco, todavía en plena conmoción, y perdió 3-2. Después del partido, Tuchel criticó abiertamente a su directiva: "Tenemos la impresión de ser tratados como si nos hubieran lanzado una botella de cerveza contra el autobús y, media hora después, nos anuncian la decisión de que jugábamos al día siguiente".

Watzke quedó como el chico malo de la película, acusado de ceder a los intereses financieros de la UEFA, mientras que Tuchel fue visto como alguien que demostró humanidad al defender a sus jugadores.

"Un día después de la explosión, el Borussia Dortmund implosionó", cuenta el periodista Michael Horeni en un libro coescrito con Watzke, "Echte Liebe" ("Amor verdadero", el lema del Borussia Dortmund).

"El atentado sacó a la superficie todas las tensiones preexistentes. Los nervios a flor de piel", cuenta. "La relación estaba ya degradada, pero al final del día estaba destruida", sentencia.

En los siguientes días Watzke reconoció "importantes divergencias" con Tuchel. El preparador respondió más tarde: "La gran divergencia fue que yo estaba en el bus y Aki (Watzke) no".

Al final de la temporada 2016-2017, el Borussia Dortmund fue tercero en la Bundesliga y curó sus heridas ganando la Copa de Alemania.

Ese día, el club festejó el título en el Olímpico de Berlín, pero Tuchel se despedía del equipo.

Se quedó un año sin entrenar, hasta que recibió la llamada del París Saint-Germain, con el que ahora medirá fuerzas contra varios viejos conocidos.