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Saúl Porras Mejías es educador hace 27 años. Ha trabajado en muchas escuelas de zonas rurales llevando su sabiduría y amor a cientos de niños.

Nació en Nicoya de Guanacaste y se crio en la Zona Sur, Buenos Aires específicamente. Actualmente trabaja como supervisor del Circuito 4 de la Dirección Regional Grande de Térraba y esta semana recibió el Premio Nacional Mauro Fernández 2019 como reconocimiento a sus aportes como docente en la comunidad estudiantil y desempeño de excelencia.

Este educador caminó ríos, en barro y atravesó un sinnúmero de obstáculos para impartir clases a centros educativos de escasos recursos.

Inició trabajando para el Ministerio de Educación Pública en la Escuela El Puente en Salitre de Buenos Aires. Para llegar ahí tenía que cruzar tres ríos y en invierno debía esperar a que bajaran su cauce para poder hacerlo. Todo esto con la convicción de llevar educación de calidad a los niños.

De ahí pasó a escuelas un poco más urbanas donde fue uni docente, pero cada una con sus diferentes características.

“Lo que me caracterizó a mí en cada lugar donde llegaba es que yo al ver las necesidades de las instituciones buscaba la forma de solucionarlas”, comentó Saúl.

Realizó obras de infraestructura en diferentes centros educativos como creación de aulas, zonas para realizar deporte y hasta participó en la creación del Colegio Santa Marta y el Liceo Académico de Buenos Aires.

Además, lideró proyectos de ayuda social en comunidades para brindar una mejor calidad de vida a las personas que vivían ahí. Siempre viendo más allá de llegar a un aula a dar clases solamente.

“Un proyecto que me alegró mucho fue uno que consistía en que los niños de la Escuela de San Carlos cada dos meses hacían campaña de recolección de víveres entre estudiantes y padres de familia y se realizaba una canasta de víveres para donarla a una familia o ancianos pobres. Eso se hizo una cultura en la comunidad en el tiempo que estuve ahí, 11 años”, aseguró el docente.

Colaboró con la implementación de talleres para el aprendizaje de guitarra y de ajedrez, en el cual lograron triunfos a nivel circuital y hasta regional en esa modalidad.

Saúl Porras tiene 55 años y asegura que la motivación para realizar estas cosas y estar dónde está en este momento fue su pasado.

“Yo digo que lo me marcó para ser como soy y para tratar de dar lo mejor de mí fue de donde yo salí. Yo no tuve oportunidad por diferentes razones económicas y culturales, no pude ir al colegio normalmente.

Cuando salí de la escuela yo nunca me había puesto unos zapatos, yo saqué el sexto descalzo. No fui al colegio y cuando tenía un poco más de 20 años y quise ver en cuanto a estudio como podría superarme y encontré en el MEP el proyecto de bachillerato de madurez”, aseguró Porras.

No asistió a ningún proyecto, lo logró de manera autodidacta, sin tutorías.

“Eso me marcó en la parte profesional en el sentido de que cuando yo llegaba a una comunidad yo sentía que ahí había mucha gente con la historia parecida a la mía y que había que hacer algo”.

Este martes recibió el reconocimiento al maestro del año en Casa Presidencial por el Vicepresidente Rodríguez y la Ministra de Educación, Guiselle Cruz, haciendo honor a la extensa carrera docente de don Saúl, un maestro rural que por casi 30 años ha dejado una importante huella en sus estudiantes y en las comunidades donde ha servido, desde Buenos Aires de Puntarenas hasta Siquirres, Guápiles, Pérez Zeledón, Cariari y Grande de Térraba.

Su vocación de maestro, su valioso aporte comunitario y su diligencia como director y supervisor, lo convirtieron en el ganador de este importante galardón.

“Mi historia me impulsó a dar lo mejor de mí por mis estudiantes, compañeros, juntas administrativas y de educación. Eso me marcó para ser lo que soy en educación y para llegar y tratar de impactar positivamente a todos alrededor”, afirmó el ganador del Premio Nacional Mauro Fernández 2019.

“Lo más que me impulsa es ver resultados en los niños agradecidos y que logran el aprendizaje. No hay razón para que no prosperemos y recuerden que la educación es el motor que nos impulsa al crecimiento como país, como comunidad y como persona. Esfuércense”, concluyó el docente.