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El impacto de arribar a Beijing, capital de China va más allá de encontrarse una urbe donde conviven 20 millones de personas, donde conviven modernos rascacielos con edificaciones donde se pasearon los emperadores de esta milenaria cultura.

De acuerdo con los datos del 'Libro azul de medios chinos', compilado de métricas de la situación país, la penetración del Internet alcanza un 61% de la población y ha crecido un 10% en los últimos tres años y está situación se refleja en el día a día de la urbe.

En ciudades muy desarrolladas, como Beijing y Shangai, los chinos viven su vida a través del celular, que se ha convertido en más que un aparato de comunicación.

El futuro en la mano

Al asistir a un encuentro de los Beijing Ducks de la liga local de baloncesto, quinteto donde juega la exestrella de la NBA, Jeremy Lin, es fácil darse una idea de cómo se ve el futuro hoy y adonde las nuevas tendencias se dirigen.

Para conseguir las entradas es necesario realizar la transacción desde el teléfono móvil. Al llegar al Cadillac Arena los locales deben presentar su tiquete electrónico y antes de ingresar escanear su documento de identidad y escanear su rostro en una máquina especial.

Una vez adentro si se desea comprar la camiseta de Lin, no se reciben tarjetas de crédito, los interesados deben pagar utilizando su celular y sistema Ali Pay, el cual está ligado a WeChat, versión china de WhatsApp.

Los números muestran la transformación de un país donde pareciera que el futuro es hoy.

825 millones de personas usan su teléfono para enviar mensajes, 686 consumen noticias y 634 y 633 lo tienen como medio para realizar compras y pagos, respectivamente.

Cambio cultural

El avance de las tecnologías de punta en China se llegan a reflejar en el planeamiento central para combatir la pobreza.

Tal y como explicó Xu Linping, del Centro Internacional de Reducción de Pobreza en China, el gobierno considera la falta del acceso a la tecnología como uno de los puntos a mejorar a la hora de tomar medidas para reducir esta condición.

Programas estatales han permitido a poblados alejados de los grandes centros de producción contar con sus propios emprendimientos en línea.