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Hay números que muchos suelen ver fríamente, pero que deben hacer reflexionar. Según datos del Hospital de Niños, el año anterior se atendieron 1.400 casos de posibles agresiones a menores indefensos.

Marco Vargas, de ese centro médico, destacó la magnitud del problema, el cual, considera, debe ser atendido aún con mayor importancia.

Para ella, la raíz del flagelo se encuentra en familias desintegradas, drogas, separación de los miembros y falta de comunicación.

Tanto desde la perspectiva social como médica existen fallos. “Siempre alguien sabía del caso, y no lo denuncia. Además, se cree que con la denuncia se acaba el problema, pero no se le da seguimiento”, dijo.

“En muchos casos, el vecino del lado sigue escuchando los golpes y se da cuenta de los maltratos físicos o verbales y no hace nada”, agregó el médico.

Para el especialista, si bien se logra en algunos casos rescatar al menor y evitar que los golpes tengan consecuencias fatales, ellos en el futuro tendrán una “mancha social y psicológica indeleble”.

Vargas aseguró que por cada agresión a un niño que se denuncia, hay de nueve a 11 que no son denunciados. “Cuando tiene que intervenir el Poder Judicial y el Patronato Nacional de la Infancia (PANI), es porque estamos llegando tarde”, concluyó.