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En los últimos días de su presidencia, Oscar Arias inauguró la nueva Casa Presidencial. Detalle: el terreno ni siquiera estaba comprado aún, ni siquiera estaba negociado con los propietarios.

Esa supuesta Casa Presidencial cerraría un circuito, que tendría a un lado la Asamblea Legislativa, a una cuadra el Parque Nacional y el Tribunal Supremo de Elecciones, todos ellos por el norte, y a solo dos cuadras el Circuito Judicial por el sur. Todo un centro cívico.

Esa nueva infraestructura tendría un costo de 35 millones de dólares, negociados con el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE).

Pero el problema crítico del llamado Circuito Cívico es la Asamblea Legislativa, que hace medio siglo se alojó en un edificio, el llamado principal, que fue construido, paradojas de la vida, para ser Casa Presidencial.

En 1990, la Asamblea tenía 250 empleados. Hoy tiene 1.100 y el hacinamiento es evidente.

Rita Chaves es diputada del PASE y tuvo que acomodarse junto con sus asesores en un espacio mínimo, algo así como tres por cuatro metros, sin luz natural ni ventilación, un verdadero hueco.

Pero no es la única.

En lo que fue un área de paso trabajan ahora otro legislador, el diputado Porras Contreras, y sus asesores. Las condiciones son similares. Unos encima de otros, sin luz ni aire, en un hacinamiento donde deben recoger sus platos de comida para poner sus papeles.

La jefatura de fracción de la segunda fracción en importancia, la del PAC, es idéntica. Un baño que había dentro tuvo que eliminarse para eliminar malos olores y contaminación de las aguas.

A simple vista los edificios del primer poder de la república, uno más otro menos, muestran su enfermedad. Están comidos por el comején y por el tiempo. El sistema eléctrico no da más y amenaza constantemente con alzar fuego.

Los cuchitriles carecen de ventilación, por lo que hay que recurrir al aire acondicionado, cuyos aparatos se acondicionan hasta con embudos de cocina.

Otro caso es el del edifico del Sión, donde tienen sus oficinas la mayoría de los legisladores. La visión no puede ser más deprimente. Ahora se están gastando 150 millones de colones en reparaciones.

La cucarachas son los que viven ahí a su antojo, y muchas veces se les ve con toda facilidad.

Después de muchos años de discusiones, los diputados dieron el paso, y contrataron la construcción de un edificio que cambiará la faz de nuestra capital. Al menos eso se espera.

Se trata de dos torres horizontales elevadas, que pasarán por encima de los edificios actuales. Y que dará mucho espacio para que el ciudadano transite por sus amplias plazas del primer nivel y por sus edificaciones actuales, la mayoría declaradas patrimonio histórico y cultural, y que serán igualmente reparadas y recuperadas.

La primera parte del edificio, el que servirá para oficinas de los legisladores y sus asesores, comenzará a construirse a comienzos del 2014, y se inaugurará a comienzos del 2015.

En su conjunto la obra se terminará en cinco años y costará 75 millones de dólares, que se pagarán con un fideicomiso del Banco de Costa Rica.

Y sobre todo será un ejemplo para el futuro, como en su época lo fueron el Teatro Nacional o Colegio Superior de Señoritas.